No hay estrategia del oficialismo más usada y eficaz para golpear a la oposición que promover acciones para su división. En otras palabras, no hay estrategia oficial que haga más vulnerable a la oposición que soltar los demonios para su fragmentación. Maduro sigue al pie la frase de estrategia política más antigua: divide y vencerás. Y la ejecuta a la perfección.
Otra vez los votantes opositores están confundidos porque no saben a quién escuchar. Unos seguidores opositores reconocen que un sector logró la liberación de Edgar Zambrano y busca negociar mejores condiciones para conformar un nuevo CNE; otros seguidores perciben que existe otro sector opositor que permanece en un eslogan inflexible y lo apoyan a nivel internacional; y –digo yo- a los dos sectores los necesitamos.
A veces quisiera creer que ese sector de la oposición que firmó el reciente acuerdo de diálogo con el oficialismo también forma parte de una estrategia encubierta que se enlaza con toda la oposición, y simplemente están fingiendo un acercamiento para generar esas nuevas condiciones y volver a la contienda electoral cuando le pongan fecha, es decir, un anzuelo para que el oficialismo convoque a elecciones y posteriormente toda la oposición diga “sí vamos a participar”; pero luego detengo el análisis porque me cae un balde de agua fría de infinita realidad, pues, definitivamente las estrategias no conversan, y si así fuera, el oficialismo evitará que participen todas “las oposiciones” y haría unas elecciones solamente con los partidos que firmaron ese acuerdo de diálogo.
Es tan compleja la cohesión de la sociedad democrática. Es tan difícil unificar los criterios y remar juntos hacia el mismo objetivo. Hay tanta mezquindad, egoísmo e intereses personales malsanos. La transición está lejos de ocurrir bajo este contexto. Son tiempos de confabulaciones que nada o poco suman a la reconstrucción democrática.