Opinión

La sociedad civil

como un todo, irá a ser la nueva protagonista, la figura estelar, en el ejército del poder político a venir. Ocupará el lugar del obsoleto militarismo que se niega a apartarse del todo de la escena política desde los tiempos de la independencia hasta nuestros días.

El militarismo, afín con la izquierda latinoamericana, viuda que aún llora la caída del comunismo de la exUnión Soviética y sueña con su restablecimiento tal como la ha sido la revolución cubana, no han querido entender que todo en la vida cumple su ciclo, su entropía, un proceso de cambio y de transformación para darle paso a la evolución, tanto de las especies como del pensamiento.

¿Qué viene a ser la sociedad civil? ¿Quiénes la integran? ¿Cuáles son sus excluidos? Para contestar a la pregunta que Miquilena formuló sobre la sociedad civil, de ¿con qué se come eso? y entrarle al concepto de sociedad civil, nos apoyaremos del pensamiento político del economista León Sarcos, plasmado en su nuevo libro, Venezuela en el Laberinto (Atacama, 2015), obra esa altamente recomendada para entender la grave crisis en Venezuela.

Explica Sarcos que “la sociedad civil es la expresión civilizada y civilista de la sociedad, que por resultados de las largas luchas por la conquista de la ciudadanía, cree y defiende los valores que sirvieron de inspiración a la instauración de la República liberal democrática capitalista.

Aprueba y se reconoce en los postulados fundamentales de la Constitución de 1961 y en la Carta Magna original aprobada en 1999. Y se manifiesta dispuesta a la participación protagónica y a la elaboración de propuestas para hacer posible el ejercicio de la ciudadanía, de quienes la ejercen y de quienes aspiran a su condición propia y la de todos los seres humanos que habitan en la República de Venezuela”.

Esta definición es otro de los tantos conceptos que se tienen sobre la sociedad civil, y sirve de contexto para ir a los particulares.

Se dice que la sociedad civil es la expresión civilista y civilizada de la sociedad, puesto que lo contrario a civilizada, es el salvajismo de los regímenes de fuerza. De igual modo es civilista, por ser contraria y radicalmente opuesta al militarismo característico de la América Latina. Se habla de la instauración de la República liberal democrática y capitalista —como la denomina tan acertadamente el citado autor— porque el sistema capitalista humanizado (con una buena porción de ética),  es  la  única  vía  del  desarrollo exitoso de  los pueblos, la prosperidad y la felicidad, aquello que acrecienta la estima y la dignidad personal de la gente. 

Dentro de la sociedad civil no tienen cabida el militarismo, las dictaduras autocráticas, ni los caudillismos; así como tampoco cualquier entidad administrativa del oficialismo, a menos que dejen de ser tales y obren como ciudadanos comunes. Una sociedad civil sólida es el futuro de Venezuela y eso se come con libertades democráticas y un liberalismo económico humanizado. 

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