¿Qué hace posible la resistencia política, económica, social y mediática de un proceso revolucionario, como el venezolano, asediado por poderosos factores políticos, económicos, y mediáticos nacionales e internacionales que trabajan y han trabajado incesantemente, por más de diecisiete años, para derrotarla con el fin de desmontar todo lo que se ha avanzado en la construcción del estado social, de derecho y de justicia propuesto en nuestra constitución?
¿Cuáles son las fortalezas de esta revolución que, a pesar de sus errores, haya resistido, desde sus inicios, la injerencia imperial del Gobierno norteamericano? ¿Tiene esta resistencia posibilidades reales de derrotar este plan de desabastecimiento, acaparamiento y boicot económico impulsado por la oligarquía venezolana con el apoyo abierto y decidido del Gobierno norteamericano para crear el descontento y la desesperación del pueblo que le dio a la derecha la victoria del 6D?
¿Por qué una parte del pueblo venezolano no cree que seamos víctima de un terrible y perverso boicot económico empresarial golpista sino de una mala gestión de gobierno? ¿Ha alcanzado el poder popular la fortaleza, organicidad y educación política necesaria para ser la fuerza de transformación del estado aún capitalista al estado propuesto en la Constitución? ¿En qué medida las fracturas internas de la contrarrevolución, sus incoherencias, sus prácticas violentas, su dependencia imperial y su carencia de una propuesta transparente al país constituye una debilidad creciente de la contrarrevolución?
Es necesario recordar que la revolución bolivariana que nace con la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, mediante votación mayoritaria sin precedentes del pueblo venezolano, dio inicio al proyecto bolivariano para la construcción de un nuevo estado que se levanta desde el pensamiento libertario de nuestro Libertador Simón Bolívar. Fue la primera gran victoria del presidente Chávez. Pero su gran reto fue dirigir la construcción de ese nuevo estado al cual se oponían, desde su nacimiento, la gran oligarquía venezolana y los partidos que dirigieron la cuarta República, así como los nuevos derivados de ellos con el apoyo permanente del gobierno injerencista y guerrerista norteamericano que se considera con el derecho de intervenir en los asuntos internos de las naciones que construyen y consolidan su independencia, su soberanía de cualquier dominio imperial. Para eso trabajaron, con todos los medios a su alcance, para impedir la aprobación popular de la nueva Constitución. Por eso, la eliminaron durante el golpe de estado del año 2002 y hoy desde la Asamblea Nacional aprueban, en nombre de la Constitución, leyes inconstitucionales para confrontar a los demás poderes del estado.
