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Lea en Opinión: La resiliencia país, reflexiones de Alfonso Hernández Ortiz

Alfonso Hernández Ortiz/  Consultor gerencial

[email protected] @AlfonsoZulia

La palabra resiliencia deriva desde el latín resilire, término que significa “volver atrás, volver a la posición original, resaltar y rebotar”. El término se ha venido desarrollando durante los últimos años, enfocado directamente a las personas y las organizaciones, abordado desde la psicología positiva como la capacidad que pueden tener los seres humanos para superar y sobreponerse a periodos de situación emocional y situaciones adversas. Desde la óptica organizacional, según la profesora Olga Bravo del Iesa, la resiliencia se manifiesta en la forma de ajustes positivos (adaptación) bajo condiciones desafiantes, no solo como circunstancias desfavorables (crisis), sino también como nuevas oportunidades.

Vistos estos conceptos sobre resiliencia y aplicándolos a la situación que actualmente está viviendo Venezuela, podría acuñarse el término de la “resiliencia país”, ya que ciertamente aunque estamos atravesando momentos de tensión, de dificultades, de realidades no esperadas que algunos llaman “crisis”, también tenemos la capacidad de sobreponernos, identificar las oportunidades, adaptarnos y poner en marcha nuestras capacidades y fortalezas para salir adelante, en una frase Nietzsche, “lo que no me mata me fortalece”.

Para poder poner en práctica la resiliencia país, se requiere iniciar desde el ser, es decir, comenzar por nosotros  y estar dispuestos a predicar con el ejemplo, ya que estamos modelando constantemente e influimos positiva o negativamente en nuestro entorno. La resiliencia es una capacidad innata que todos poseemos, se hace necesario resaltar nuestros valores, capacidades y atributos positivos, afrontar con coraje las adversidades, reconocer nuestras propias fallas y estar dispuestos a hacer los correctivos necesarios para trabajar en ellas y superarlas, enfrentar el cambio y asumir la incertidumbre con la mejor actitud, convencidos que podemos adaptarnos y salir fortalecidos.

Investigaciones recientes indican que para sobrevivir y prosperar en un contexto de cambio económico y social, las organizaciones necesitan tener empleados motivados y psicológicamente sanos, según investigadores de la Universidad de Michigan (Sutcliffe y Vogus) las organizaciones favorecen el desarrollo individual de la resiliencia cuando las personas: 1) pueden practicar el juicio, la discreción y la imaginación; 2) tienen la habilidad de cometer errores y recuperarse de los mismos; y  3)  tienen la oportunidad de contar con el modelaje de alguien más que les muestre esos comportamientos. 

En tal sentido, tanto a individuos como organizaciones públicas y privadas nos corresponde desarrollar la resiliencia social, para afrontar las situaciones adversas que hoy padecemos, como personas, familias, instituciones y nación. Estamos obligados a cohesionarnos nuevamente, volver a ser lo que alguna vez fuimos como país, y recuperar la cohesión social, nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia como venezolanos. Citando a Atiliano Arancibia: “La cohesión social es una forma de convivir, de compartir los recursos, los valores, y de respetar y comprender las diferencias que existen en una sociedad”.

Ciertamente, el desafío es enorme, pero no imposible, nos corresponde asumir nuestras propias responsabilidades, más que buscar un cambio de gobierno, somos corresponsables de lo que ocurre, y el país nos exige un cambio de conducta, moldearnos ante la coyuntura y convertirnos en mejores ciudadanos, reconocernos y respetarnos como seres humanos, sentirnos orgullosos de ser venezolanos, implementar la convivencia positiva a pesar de nuestras diferencias, desarrollar nuestro autoestima, proyectar optimismo, buen humor, asumir emprendimientos, marcando la diferencia desde nuestro ser, sin esperar que los demás actúen, ya que estas cualidades podrán influir en nuestras relaciones con los otros, convirtiéndonos en promotores de la resiliencia desde nuestro propio entorno.

Para construir la resiliencia país, se hace necesario comprender que los desafíos son parte de nuestro crecimiento; que toda dificultad puede convertirse en oportunidad; que cualquier meta que aspiremos lograr como persona, empresa o nación, parte de estar convencidos de nuestras propias capacidades y fortalezas; que todo emprendimiento requiere de ensayo y error, y somos capaces de mejorar a través del estudio, el entrenamiento y la perseverancia; que no hay edad, ni momento para el cambio, el cambio está en nosotros mismos; que el mejor lugar del mundo es donde realmente queremos estar, todo depende de nuestra actitud, y que la única guerra es con nosotros mismos, somos nuestro único rival, en palabras de San Agustín: “Conócete, acéptate, supérate”. 

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