Tenemos que cerrar la puerta del rencor, antes de que tome la delantera a la justicia. La gente tiene que aprender a quererse, y tiene que saber amar y amarse. Lo fundamental es saber vivir y dejar vivir. Los sembradores del terror, que todo lo deshumanizan, a pesar de sus apariencias por el orden, lo real es que todo lo atormentan. No olvidemos que, el terrorismo, es destructor por naturaleza, germina de la venganza y del odio. Indudablemente, la ciudadanía en su vínculo de familia humana, ha de repensar sobre su manera de cohabitar, en un mundo saturado de contrariedades, viciado por la sinrazón y corrompido por los desgobiernos.
Tantas veces esta estampa de pavor nos deja sin lenguaje y hasta sin esperanza, que habría que ir pensando en activar otras simientes menos vengativas. Está visto, que no podemos tolerar más el estado actual de estos sembradores del resentimiento. Ha llegado el momento de guiarnos por los valores e intereses comunes, puesto que basta con que un ciudadano desprecie a otro, para que esta burla vaya corriendo hasta la humanidad entera. De ahí, la importancia de unir esfuerzos y de crear una coalición internacional contra esta lacra demoledora del espíritu humano.
Confiemos que Naciones Unidas, en ese plan de acción contra el terrorismo que va a presentar próximamente, ahonde en cuidarnos como familia, en protegernos lejos de los sentimientos negativos que devoran nuestra propia paz interior. Desde luego, para custodiar, desde nuestro ser hasta nuestro distintivo hábitat, lo que precisamos es más consideración que inquina.
Todos debemos cuidarnos más, querernos más, amarnos más. Es la gran asignatura pendiente. El rencor nos ha envenenado el alma y ya no sabemos ni preservarnos del mal.