Una de los efectos de la elección de gobernadores es que se han incrementado las probabilidades de que el sector gubernamental logre mantenerse en el poder durante el período 2019-2025. No es algo seguro ni definitivo, pero la correlación de fuerzas se ha desplazado a su favor, a pesar del deterioro económico, el malestar social y la erosión de su base electoral.
El Gobierno ha encontrado la manera de aumentar esas probabilidades tanto por las estrategias que ha adoptado como en razón de los errores de una oposición que había logrado reunir un vasto y progresivo respaldo en sucesivas elecciones, pero que no supo mantenerse con firmeza en la vía institucional y apostó en varias oportunidades al esquema de las “primaveras” en la expectativa de un alzamiento militar que nunca llegó.
Ahora bien, el equilibrio de fuerzas persiste, aunque hoy favorezca al campo gubernamental. Incluso en el terreno electoral, la sumatoria de los votos nacionales es de 54% para el Psuv y 46% para la Mud, lo que significa que bastaría una alteración de 4.5% para que se inviertan resultados futuros. Igualmente, hay que tomar en consideración que la evaluación de la gestión de gobierno continúa siendo negativa. Pero nada de esto será suficiente, si la oposición no logra reinsertarse en una estrategia electoral y persiste la pugna por el liderazgo en los términos actuales.
En lo que respecta al Gobierno, su adversario principal se ubica en sus propias fallas, en la ineficiencia y en sus políticas económicas. La escasez continúa en rubros esenciales y la inflación ha venido creciendo a un ritmo acelerado, lo que repercute con mucha fuerza en el consumo de las familias y en toda la actividad económica. La Cepal calcula que este año el PIB sufrirá una caída de 8% en un cuadro de elevados compromisos de pago de deuda externa.
