Devenidos en contrarios irreconciliables, la apuesta a la guerra, la violencia y la destrucción podría tornarse una realidad irreversible.
En sectores radicales se ha impuesto la lógica de la violencia, la muerte y el exterminio del “otro”, en tanto salida salvacionista para el país y la crisis; con absoluto desprecio a los efectos sobre la población civil y el destino de nuestros recursos naturales. Se saluda y anhela la intervención extranjera y, por ende, las consecuencias que de allí devendrían tales como una guerra civil, la violencia contra y entre la población. Se descarta la solución política pacífica al igual que la paz…Sólo con la eliminación del “odiado adversario” a cualquier costo el país será salvado.
Según estudiosos del tema, las guerras civiles tienen tres rasgos fundamentales: la existencia de al menos dos proyectos de sociedad antagónicos, conducentes a una “enconada polarización nacional”; en segundo término el enfrentamiento armado y, finalmente, la existencia de una soberanía escindida. Boaventura de Sousa Santos en “La nueva Guerra Fría y Venezuela”, alerta “Lo “que está pasando en Venezuela es una tragedia anunciada, y probablemente causará la muerte de mucha gente inocente. Venezuela está al borde de una intervención militar extranjera y el baño de sangre que resultará puede asumir proporciones dramáticas.”
Es incuestionable que estamos atrapados en una peligrosa escalada de violencia, que se genera, diseña y nutre desde el exterior. Un muy bien articulado proyecto atenta contra la democracia, la constitución y las leyes. Todo ello cuenta con el aval de la opositora peonada vasalla, sometida a los alineamientos interesados que se producen entre grandes potencias.
