Cuando se buscan fundamentos para explicar la inacción del gobierno nacional frente a la crisis, ya no están quedando más razones que la firme creencia del Ejecutivo en la magia. Es decir, pareciera que apuestan a la intervención de fuerzas sobrenaturales, en lugar de comprometerse con reformas económicas coherentes; aparentemente creen más en ‘efectos mágicos’ subrepticios que en el pensamiento racional y lógico; se podría interpretar que su conducta demuestra más convencimiento en la ‘fuerza’ de la invocación de seres del más allá, en cábalas o hechicería para alterar las condiciones objetivas del medio, en vez de confiar en el trabajo deductivo y metódico para enfrentar la elevada inflación, el desabastecimiento, la inseguridad ciudadana y la demolición de los servicios públicos.
Hace poco fueron publicadas las proyecciones económicas habituales del FMI (condenar de dónde vienen no significa que no ocurrirán esos escenarios, es decir, en este caso no importa el mensajero sino el mensaje, más aún, si se revisa que sus proyecciones anteriores frecuentemente están cerca de las cifras que oficialmente acaecen), donde describen que el panorama de este año no será venturoso y la perspectiva del siguiente no podría ser peor.
Por ejemplo, para este año la ‘torta económica’ (PIB) seguirá reduciéndose en -8% y en el 2017 -4,5%. Un criterio básico económico demostrado es que sin inversión –claramente- no hay crecimiento económico (la forma de agrandar la ‘torta económica’) y sin crecimiento económico no habrá una mínima distribución de la riqueza ni mucho menos reducción de la pobreza.
Asimismo, el informe publica que el promedio de inflación de Venezuela este año cerrará muy cerca de 480% y el próximo año aproximadamente 1600%. ¡Pavoroso y aterrador! Será anécdota común que vaya a un restaurante, pida un almuerzo, pacte un precio y al traer el plato ya tendrá otro precio (no es chiste).