El momento que vive Venezuela es sumamente grave. Se ha enquistado en el poder un grupo de delincuentes que han sometido al pueblo a la más denigrante de las humillaciones. Ese grupo ha destruido la democracia, la economía, la sociedad, las instituciones y ahora intenta destruir la mismísima república. Sabe que perdió totalmente el apoyo popular pero eso no le interesa, sólo se preocupa por permanecer en el poder con el costo del repudio y del sufrimiento ciudadano.
Centenares de miles de ciudadanos hemos salido a la calle a ejercer uno de los pocos derechos que nos quedan: el derecho a la protesta pacifica, el derecho a la rebeldía, a la desobediencia, a la resistencia y hasta a la rebelión. La fraudulenta convocatoria a una Constituyente sin el pueblo, nos compromete a asumir ésta como una hora crucial. De lo que hagamos los ciudadanos en este preciso momento, depende el futuro de nuestra patria. Desde 1830 somos una república. Desde 1947 todos sin distinción pudimos votar. Desde 1958 hemos tenido una experiencia democrática que, con aciertos y errores, muestra un balance positivo. Quienes creemos en la república, quienes creemos en el voto libre, universal, directo y secreto, quienes creemos en la democracia no sólo como sistema de gobierno sino como sistema de vida, tenemos no sólo el compromiso sino la obligación de impedir que esa Constituyente sin el pueblo pueda realizarse.
El gobierno devenido en dictadura trata de mostrarse fuerte, pero en sus acciones evidencia su debilidad. Sabe que el pueblo tiene que convocar a una Constituyente, sabe que el pueblo debe aprobar las bases comiciales, sabe que esas bases deben resguardar el voto universal y proporcional. Y sabe además, que el pueblo sabe que esos derechos le han sido proscritos y que esa razón, junto a las razones ya conocidas, tiene a la gente alzada en la calle exigiendo respeto a la Constitución y a la Institucionalidad. Al saberse débil, lanza un nuevo peine que no vamos a pisar: un exhorto a esa Constituyente espuria para que se digne someter a referéndum aprobatorio el producto de esa asamblea chimba, como si no supiéramos que el poder constituido no puede estar por encima del Constituyente y que, instalado este, va a tener un cheque en blanco para hacer lo que le de su real gana sin que esas decisiones puedan ser refrendadas por el pueblo. Ese pueblo sólo cree en el cambio, de gobierno y de proyecto político de país.
Por esa razón, nuestra tarea es impedir que ese bodrio de Constituyente pueda darse. Y en ese sentido, cada día se reivindica más la calle como herramienta fundamental en este momento histórico. Esa calle puede significar la presión necesaria para que las instituciones actúen. ¿Qué puede pasar? 1. Que los mismos proponentes entiendan que no tienen apoyo popular y desistan.
