Miguel Pérez Abad -Ministro de Industria y Comercio

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Las perspectivas de crecimiento de América Latina para este 2016 dan cuenta de un retroceso en el crecimiento de nuestras economías, fenómeno que lo acentúa la caída de los precios del petróleo y otras materias primas, de las cuales depende el dinamismo del PIB de estos países.   El escenario antes descrito limita la capacidad de inversión pública en proyectos de emprendimiento empresarial y en infraestructura, dado que los gobiernos deben establecer como prioridad focalizar los presupuestos estadales en los programas sociales.   Sin embargo, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) nos trae una experiencia interesante de cómo se pueden mitigar las limitaciones de recursos para invertir en áreas distintas a la alimentación, salud y educación. Se trata de las alianzas público privadas (APP).   La APP es un mecanismo que “… representan una de las mayores  innovaciones en el sector de infraestructura de América Latina en los  últimos años, habiendo, para el desarrollo de este tipo de colaboraciones en  la región”, dice el informe elaborado por CAF.   El mismo documento cita una verdad que cualquier ciudadano común puede constatar en la cotidianidad de las ciudades o poblaciones donde se desarrollan obras sistemas de transporte masivos, autopistas y carreteras, etc. “… las inversiones en infraestructura contribuyen a mejorar la productividad, la competitividad internacional y el bienestar social. En definitiva, pueden suponer un impulso para las economías nacionales”.   La CAF señala algunos casos de éxito en la región, entre los que destacan Chile y México, y en menor proporción países como Brasil, Colombia, Perú y Ecuador. En el ejemplo de Chile, este país andino impulsó inversiones en las infraestructuras de transporte combinando con capital público y fondos privados nacionales.

Desde Venezuela, debemos mirar estas experiencias sin ningún tipo de compromiso, pero sí evaluar objetivamente qué aspectos son susceptibles de aplicar en nuestro país para continuar desarrollando no solo infraestructura, sino muchas de las empresas de sectores intensivos en capital, que requieren cuantiosas inversiones para incrementar su capacidad de producción.