¡Pero qué vamos a hablarles de Patria a los que no saben de dignidad! La Patria para ellos es una burlita necrófila, una pena ajena, error geográfico, mala suerte, algo que sueñan con dejar atrás, lejos, lejos, tan lejos como Weston o el Doral…
Nos dicen que los chavistas nos arrodillamos por una caja del CLAP, que somos chavistas solo por eso, como hace años lo éramos por “una carterita y un bollo de pan”. Así nos ve el antichavismo, siempre desde la superficialidad con pelusas de su ombligo. Lo dicen indignadísimos, con el mentón apuntando a las nubes, y minutos más tarde, reciben un mensaje por Whatsapp avisando que viene la caja CLAP, y corren por los pasillos del edificio a anotarse, “porque hay que aprovechar todo lo que da el gobierno”. Hablemos de dignidad.
La misma dignidad de Julio Borges mendigando por el mundo sanciones contra Venezuela, con la venia y el “bien hecho, plátano hecho” de sus caceroleros. “Bien hecho” hasta que el gobierno de Panamá aprovecha la súplica cejuda, y de un plumazo -¡zuas!- exige visas selladas a los mismo venezolanos que hasta hace poco eran bienvenidos, no tanto ellos, sino el montón de dólares cadiveros que se llevaban para allá. Esa millonada que sembraron en Panamá, para que allá florecieran grandes edificios, lucrativos negocios, inmensos beneficios trasvasados que regaban prosperidad allá a costa de la sequía de su propia Patria.
¡Pero qué vamos a hablarles de Patria a los que no saben de dignidad! La Patria para ellos es una burlita necrófila, una pena ajena, error geográfico, mala suerte, algo que sueñan con dejar atrás, lejos, lejos, tan lejos como Weston o el Doral… Allá donde, los que se han ido, piden, salivantes, una invasión militar gringa que borre a Venezuela del mapa “y ya que estamos en eso, Mr. Pence, ¿podría considerar un estatus migratorio especial para nosotros, los venemayameros, que lo queremos tanto?”
