El presidente Maduro ha venido insistiendo en la disposición para conversar directamente con el presidente de los Estados Unidos. Una conversación sin intermediarios, directa, respetuosa, que dé lugar a una nueva etapa de relaciones entre el gobierno norteamericano y la República Bolivariana de Venezuela. Esto es una necesidad apremiante.
Frente a la agresión militar, si llegara a materializarse, no nos quedaría más remedio que defendernos, resistir. Pero el costo para todos, para nuestro pueblo que padece y espera, es inimaginable. No va ser menos para el mismo pueblo de los Estados Unidos ni para las naciones hermanas de América Latina.
Amenaza y negociación bajo presión han sido la línea discursiva y las acciones de las últimas semanas con relación a Venezuela por parte del gobierno estadounidense. La agresión va a encontrarnos unidos. La agresión va a abrir heridas que será difícil de cerrar en muchos años. Conversar antes de mil dolores los ahorraría, y resulta mucho mejor que hablar sobre miles de cadáveres.
No apelamos al corazón del presidente Trump. Apelamos a su lógica de empresario. Los halcones que están al frente de la agresión son funcionarios, vienen y se van. Queda, el jefe de gobierno, marcado por la historia según sus acciones.
