Opinión

Guerreros de la paz, por Maryclen Stelling

La gravísima escalada de violencia en el país  parece anunciar una guerra fratricida, advertida y denunciada desde diversos espacios, a la vez que  impulsada y deseada desde otros ámbitos.

A los enceguecidos propulsores  de la guerra se enfrentan los promotores de la paz, quienes  -en el corto plazo- promueven y procuran algún acuerdo entre los contendientes.  Voces que, ante la agudización de la crisis, luchan por  un proceso de negociación y     la construcción de un ambiente social de tolerancia y respeto al otro.  Guerreros de la paz  que combaten por la creación de condiciones de convivencia y favorecer una cultura crítica que permita analizar los problemas con distancia y equilibrio.

Se libra entonces otra batalla minimizada y descalificada,   la cruzada por promover una cultura de paz en todas las esferas de la vida social.  Campaña que se enfrenta a la incitación y legitimación del recurso a la violencia y a una concepción  de paz en tanto derrota y eliminación del adversario.   

Cruzados por la paz, que se enfrentan a un contexto caracterizado por la incitación a la rebelión,  la exaltación del pueblo en la calle, la furia exterminadora y la  legitimación de la violencia en aras de la paz y la democracia. Supuesta gesta heroica que,  en nombre del pueblo y ante  ”el deber” de salvar a la patria, se le concede  la indulgencia por la muerte y la destrucción.   Desde el plano simbólico  se erige una construcción liberadora impregnada de contenidos religiosos, metáforas  del derrumbe de un mundo podrido;  redención por la muerte y la promesa de un nuevo amanecer, estrategia purificadora  en el camino a la “resurrección” democrática.  

Se confrontan entonces, una cruzada por el diálogo y la paz con una cruzada bélica planteada bajo la convicción de  que la convivencia pasa por la derrota de uno de los bandos;    sustentada en  la creencia de  una necesaria confrontación,   en la  certeza de la victoria total,  en el convencimiento del triunfo frente al enemigo y su destrucción o rendición incondicional. 

Cualquier intento para negociar la paz se enfrenta  con la posición de ciertos sectores radicales afianzados  en la negación a  concesiones, opuestos al olvido y la reconciliación y promotores  del grito de guerra: “ni mediación ni perdón”. 

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