Las noticias inundan las redes sociales, las ediciones digitales de los periódicos y las emisoras de radio. Crece exponencial la incertidumbre y la confusión reina. Ha sido una semana rica en especulaciones, informaciones no confirmadas y protagonismos desmedidos.
Entre las más destacadas resultan: Diosdado se reúne con voceros del Gobierno de EE UU; el Comando Sur listo para el bloqueo naval; pospuesta la ronda de reuniones en Barbados; el dólar se dispara al alza y la hiperinflación asciende incontrolada; empresas rusas y chinas suspenden compra de petróleo venezolano; gana el peronismo en Argentina; EE UU dice que se reúne con el Gobierno a nivel muy alto; el salario mínimo mensual baja a 2,76 dólares, entre otras. En fin, apreciados lectores, aquí lo que hay es una verdadera explosión informativa. Y todo esto, es desarrollo de un proceso político que todavía no define su desenlace o epílogo; manteniendo vigente cualquiera de las alternativas puestas en mesa.
Hay que tener presente que protagonizamos una guerra de cuarta generación. La primera se inició con el uso de las primeras armas de fuego. La segunda aprovechó los avances de la Revolución Industrial. La tercera aparece con la Segunda Guerra Mundial. La cuarta se basa en una guerra psicológica o bombardeo a la mente, dirigida a controlar, por expertos, la voluntad de las personas. Aparece la guerra de guerrillas, la asimétrica, terrorismo, guerra civil, la propaganda – información- contrainformación – el uso de mentiras o fake news, (las bombas son las mentiras), la cibernética. No hay enfrentamiento entre ejércitos. Una guerra económica, política y de violencia callejera.
Entre los ejemplos de guerras de cuarta generación tenemos la guerra civil china, conflicto armado de Colombia, Vietnam, Angola, Afganistán, Congo y Yugoslavia. El concepto de cuarta generación es parte de la doctrina militar estadounidense.
