Escribo este artículo a pocas horas de haberse perpetrado la ilegal, desproporcionada e injusta agresión contra Damasco, Siria, la capital de un país soberano. Estados Unidos, Francia e Inglaterra lanzan este ataque con misiles un día antes de la llegada de la comisión de especialistas que el gobierno sirio había solicitado a Naciones Unidas para investigar el supuesto uso de armas químicas en la ciudad de Duma, por parte del Ejército Sirio en su combate contra los terroristas que durante más de cinco años han causado dolor y muerte con el fin de imponer un gobierno oscurantista, títere de Europa y de los Estados Unidos.
No importan las pruebas, ni importan las razones. Se ataca para favorecer el derrocamiento del gobierno soberano de un pueblo que no se subordina, ni se rinde.
Este atropello contra el derecho internacional, se suma a un conjunto de acontecimientos ocurridos estos últimos días que evidencian el crecimiento del fundamentalismo neoconservador. Las cínicas respuestas ante la demanda de la juventud norteamericana de regulación del uso de armas de fuego; el tratamiento racista a la inmigración centroamericana y el desprecio a la fracasada cumbre de Lima por parte de Donald Trump demuestran el carácter antipolítico, supremacista y belicista de quienes dirigen hoy los Estados Unidos de Norteamérica.
Frente a esta amenaza contra la humanidad, necesario es fortalecer nuestra unidad nacional, consolidar el camino democrático, pacífico y electoral de nuestra revolución; reimpulsar la producción nacional, como tarea prioritaria; profundizar en la formación en valores para la identidad nacional, la soberanía, la diversidad cultural y la convivencia pacífica. Necesario es consolidar la doctrina bolivariana de seguridad y defensa integral, que diseñó nuestro Comandante Chávez, para garantizar nuestra Independencia y el derecho a vivir en paz.
