Fernando Alberto Albán Salazar fue un hombre de bien. Nacido en una familia católica, formó su propia familia y trajo al mundo dos hijos. Vivió para el servicio, asumiendo el llamado a la opción preferencial por los pobres que hizo la iglesia latinoamericana. Se hizo abogado egresado de la Universidad Central de Venezuela. Vio a la política como una herramienta para vivir esa vocación de servicio, por eso decidió militar en Primero Justicia. Desde allí se dedicó al trabajo gremial y se hizo concejal de Caracas.
La muerte de Fernando Albán le duele a su familia, a Primero Justicia, a la Venezuela decente y democrática. Que la búsqueda de permanencia en el poder lleve a un régimen a quitarle la vida a un ciudadano es una realidad cruel y aterradora de un país que no tiene motivos para vivir lo que estamos viviendo.
Fernando fue secuestrado por el sebin –con minúsculas– en Maiquetía, cuando regresaba de acompañar a Julio Borges en la Asamblea Anual de la Organización de Naciones Unidas. Se lo llevaron a la sede de ese cuerpo nefasto, convertido en espacio para la tortura y la muerte. Allí lo agredieron física y psicológicamente, lo obligaban a declararse culpable de “magnicidio” e involucrar a Borges en el mismo delito. Sus abogados refieren que lo vieron el domingo pasado y que lo encontraron firme, contundente, tranquilo porque se sabía inocente, negado a inculpar a Julio ni a nadie en un delito cuya investigación ha sido un verdadero fraude. Así lo vieron el día anterior a su muerte.
Los esbirros del sebin pasaron de la persuasión a la disuasión y de ésta a la guerra destructiva. Al ver que no cedía a sus pretensiones le hicieron tortura con bolsas asfixiantes, lo sometieron a electricidad e intentaron ahogarlo hasta que sucumbió. ¿Qué intención tenían? ¿Asustarlo? ¿Enviarle un mensaje a Julio Borges que fue su hermano? ¿Matarlo? ¿Se les pasó la mano? Lo cierto es que acabaron con su vida. Y al ver su cuerpo inerte, optaron por simular un suicidio que nadie en nuestro país cree. Sus conciencias quedarán manchadas para toda la vida.
