El camino al diálogo, la negociación política y la paz no ha sido nada fácil en el país.
Constantemente nos demandamos la razón por la cual no podemos llegar a compromisos políticos; el motivo por el cual apostamos a la derrota del otro en detrimento del reconocimiento y los acuerdos; la causa por la que en situaciones de negociación, con absoluto desprecio a las expectativas ciudadanas, rompemos los pactos, la confidencialidad y acudimos a noticias falsas con miras a perjudicar al adversario. Pareciera entonces que estamos condenados a engañar y trampear los acuerdos; defraudar al país y deteriorar la democracia. En suma, nos demandamos porqué hemos sido incapaces de negociar ni el propio diálogo.
Un camino posible, aun cuando nada fácil de recorrer, en el que han aparecido asuntos y temas dominantes que han afectado las condiciones para llegar a acuerdos y negociaciones. La crisis multidimensional en tanto una constante; la gasolina, la operación Gedeón, el bloqueo e intervencionismo, etc. Sin desmeritar el propio juego político interno que genera un “ambiente hostil” al diálogo. Proceso que se ha conducido con cierta teatralidad, manejo político de la información y la confidencialidad, filtraciones para sacar ventajas y ruptura de acuerdos. El diálogo concebido como una extensión del campo de batalla.
Sin embargo, en medio de tan difícil panorama fue posible que Gobierno y oposición firmaran recientemente un acuerdo con el apoyo de la OPS, en la procura de recursos financieros para fortalecer las capacidades del país en la atención de la emergencia sanitaria causada por la pandemia. Alianza que supusimos tendría una importante influencia en el proceso de diálogo y ayudaría a destrancar el juego político, que peligrosamente nos arrastra.