El magnicidio frustrado puede ser una derrota estratégica para las fuerzas imperiales. Se lanzaron a una batalla decisiva y la perdieron. El bolivarianismo ha recuperado la iniciativa y si no nos equivocamos y el 20-08 abre una etapa de victorias, tendremos un nuevo futuro.
Se han planteado momentos de viraje con ofertas de bienestar no materializadas. Otra frustración nos colocaría a la defensiva con un enemigo que seguramente podría lanzar una ofensiva fundada en la destrucción sistemática de la principal fuente de poder del proceso bolivariano: el pueblo.
El plan del presidente Maduro está bien concebido y no tiene por qué fallar. Pero la cúpula imperial empeñará sus fuerzas, particularmente con Colombia y desde esa frontera, tanto por el flanco oeste (amenazando con tomar la zona petrolera) como por el sur (está el arco minero), ambos penetrados por grupos paramilitares, contrabandistas, otras fuerzas irregulares, en fin, nos enfrentamos al derrocamiento violento y a todo el aparato mediático nacional-mundial unido a la guerra psicológica, que ha sido muy potente. El principal enemigo que tendrá nuestra defensa es la burocracia corrupta e ineficiente. En su derrota la fuerza de la calle es decisiva.
Las fuerzas imperiales tienen que atender conflictos en el mundo. Para EEUU son clave los problemas en su “patio trasero” y para nosotros fortalecer las alianzas regionales y mundiales, con trabajo diplomático eminentemente político, con experiencia en redes populares.
