La tortura es el acto de infligir dolor físico o psicológico por parte de una autoridad pública o de alguien amparado por ella. En la Venezuela de hoy la sociedad se encuentra en una tortura permanente debido al deterioro de la calidad de vida que provoca una espiral de miedo. Y en este sentido, sin pretender llevar las cosas al paroxismo, preguntémonos: ¿no es una tortura el no tener cómo alimentar a la familia?, no lograr conseguir medicamentos, ser víctima de la delincuencia, ser extorsionado hasta para sacar una solvencia, ser asesinados por miembros de los cuerpos de seguridad, ser cercenado el derecho a la manifestación pública, salir a buscar un repuesto y debas pagar mucho más del valor que costó el bien al momento de ser adquirido, que para recibir un beneficio de una política pública social o programa social debas pertenecer a una organización política y hacer proselitismo. Y a la par, que el país cuente apenas con el 20% de la capacidad productiva, que el 37% del parque automotor industrial se encuentre paralizado, que el ingreso devengado por un salario no cubra la canasta básica, que 600 establecimientos hayan tenido que cerrar debido al vandalismo desatado en los últimos tres meses; que hasta para darle sepultura a un ciudadano los costos son de infarto. Acaso no es tortura bañarse con un balde de agua; tomar agua de botellón; que el servicio eléctrico sea de tan bajo nivel; que el transporte público además de costoso sea muy malo; que no se recolecte el aseo urbano; que los gobernantes y dirigentes políticos estén más preocupados por sus pretensiones personales que por el bienestar colectivo; que para comprar un pollo, un kilo de arroz, 5 plátanos, un litro de aceite se necesiten treinta y seis mil bolívares (hoy, mañana puede ser el doble). Sin duda se está viviendo una tortura colectiva. El éxodo de venezolanos sigue en ascenso, la desesperanza está invadiendo al colectivo debido a que después de más de 80 días de protestas continuas los ciudadanos no ven resultados tangibles lo que desanima a la sociedad civil, mientras los voceros de la oposición política necesitan explicar cómo se aplica el artículo 333 y 350 de la Constitución. El colectivo desconoce cómo se aplican esos artículos. En tanto, se debe humanizar la protesta, iniciar un proceso que conlleve la realización de actividades en zonas populares para intentar conquistar a parte del 20% que todavía apoya al gobierno. Si los sectores políticos en conflicto se empeñan en no buscar puntos de entendimiento, encontrar la manera de llegar a acuerdos y ceder espacios, cuando el desabastecimiento se incremente al igual que el precio paralelo de la divisa extranjera y los productos que se encuentre en los anaqueles no puedan ser adquiridos y el hambre sea colectiva la sociedad civil se verá obligada en buscar diferentes caminos de solución que la sociedad política no pudo resolver. Como lo dijo Doris Valenzuela “Si quieres vencer a tu adversario nunca lo confrontes en el escenario en donde es más fuerte busca enfrentarlo en donde es más débil sino siempre te vencerá”.