Hay tiempo para abrir la economía y empezar a capitalizar la recuperación del chavismo con miras al mismo referéndum o a la repetición presidencial para que quizás una nueva candidata se faje en formidable pelea y así garantice el futuro…
El predicamento del Gobierno califica como inconcebible un Día Después, que ni aún en minoría pueden aceptar la pérdida del poder, que perdiendo el referéndum asumiría un tipo de gritón como Daniel Romero (el locutor en Miraflores el 12 de abril) y que a los chavistas saldrían a perseguirlos doquiera estén…
En realidad esa teoría del campo de concentración inicialmente la esbozaron los talibanes opositores, aquellos que predicando el exterminio del chavismo, terminaron convirtiéndose en puntales para la prolongación de esta crisis. Porque está claro que sin el Carmonazo, sin el paro general indefinido y sin tantas estupideces del largo tiempo precedente, no llegamos aquí ni esto dura tanto.
Pero nada de eso es probable, ni siquiera posible, primero, porque el chavismo, aún perdiendo Miraflores va a continuar detentando una inmensa cuota de poder, desde los consejos comunales hasta los sindicatos, en mil fibras del tejido político, social y económico que minuciosamente tejieron a sus anchas por casi veinte años. Segundo, el Gobierno que suceda a Maduro tendrá muchos problemas encima, desde la quiebra económica hasta la bomba social, como para dedicarse a perseguir chavistas en lugar de querer seguir adelante. Tercero, porque la comunidad internacional, la misma que le retiró a Carmona la visa norteamericana, integra un fuerte componente de izquierda que estará velando por los derechos humanos, también de ellos.
Maduro, a sus 53 años, está exactamente en el umbral, a ratos pisando la raya roja, pero todavía, a la hora de escribir este artículo, tiene tiempo de evitar cruzar ese dintel siniestro. Cualquier nuevo cumanazo o timotazo, de los espontáneos alzamientos populares que a diario desencadena el hambre y la desesperación, podría generar por nervios o simple inercia, una matanza tipo genocida, tras lo cual ya no habría vuelta atrás. Sueño que Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández, el mismo Samper, se lo hagan ver con detalle.
Todavía hay tiempo de someter a Leopoldo López y los demás presos políticos al debido proceso y concederle los beneficios fundamentales. Todavía puede volver al cauce constitucional y abrir una espita de tolerancia que luego contará a su favor. Todavía hay tiempo de abrir la economía y empezar a capitalizar la recuperación del chavismo con miras al mismo referéndum o a la repetición presidencial para que quizás una nueva candidata se faje en formidable pelea y así garantice el futuro… Porque electoralmente siguen siendo muy fuertes, que nadie se engañe…
La prolongación indefinida de esta anarquía, siendo que el Gobierno ya perdió la gobernabilidad económica y que el tejido social estalla a diario en tantas poblaciones, hipoteca innecesariamente el futuro del chavismo que siempre será luminoso, porque ese capital que lograron, entre la bonanza petrolera, la medicina social, las casas, la educación gratuita, la política crediticia, el auxilio al necesitado, la inclusión de afrodescendientes, campesinos y demás marginados, todo eso los mantendrá compitiendo por el poder cuando pasen los años.
Insisto en los 53 años de Maduro para recordarle que tiene veinte o treinta años aún por delante, una familia, un lugar ya propio dentro y fuera de Venezuela y que podría vivir cómodamente, incluso, sólo dando entrevistas y escribiendo libros.
En política no hay muertos y él todavía está a tiempo de vivir su temprana vida, volviendo al cauce constitucional, abriendo la compuerta y dejando fluir la historia. Y se lo escribe quien nunca votó por él, pero recordando que Alan García demolido por una crisis parecida, tuvo una segunda oportunidad y así todos los que a tiempo se mantuvieron en la legalidad.