La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) decía que el problema era Nicolás Maduro y desató toda la violencia de la que es posible contra todos los venezolanos. El Presidente convocó a una ANC para enfrentar la violencia y ahora la MUD dice que el problema es la Constituyente y Nicolás Maduro sigue siendo Presidente.
La MUD invirtió su capital político en un circo y le crecieron los enanos. Los problemas, cualquiera que estos sean, sólo aceptan soluciones, salidas, alternativas, no otros problemas. Aunque la dirigencia opositora prefiera llamarla “la calle” y sus medios la publiciten como una epopeya templaria e intenten hacer pasar el vandalismo por heroísmo, la violencia no resuelve absolutamente nada y menos cuando pretende acorralar a la política.
Con los resultados electorales del domingo pasado el presidente Maduro se anotó una victoria importante, fundamentalmente, porque ofreció una real alternativa a la real posibilidad de que por el camino de los trancones y los trancazos termináramos matándonos y porque duplicó los problemas a sus adversarios. Ahora es él y la Constituyente. La crisis económica del país, que es la mayor demanda que el pueblo le hace al Gobierno, no parece haber variado en nada. Los problemas de Maduro como presidente siguen allí, ahora con la expectativa de que la Constituyente ayudará a resolverlos. El Gobierno nacional ganó la paz pero no la guerra económica que era el principal problema del pueblo antes de que a los Fouché y a los Maquiavelo de la MUD se les ocurriera la brillante estrategia del trancazo.
Nadie puede baipasear a la historia. Los procesos históricos tienen sus tiempos, las crisis mismas tienen sus ritmos, a veces sincopados por cierto, y hay que saber danzar con ellos. Si te apresuras pierdes, si te retrasas pierdes, si pierdes el paso, pierdes. Hay que bailar con la crisis pero la MUD, que sabe cómo crearlas muy buenas, no tiene oídos y sí dos pies derechos.