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En Opinión: Síntoma no saludable

Óscar Morales / Economista  / [email protected]

Un indicador que muestra la salud económica de un país es la balanza de pagos, puesto  que registra todas las exportaciones e importaciones de bienes y servicios entre un país y el exterior, además asienta el saldo de rentas de trabajo y capital por los residentes del país con el resto del mundo y las transferencias de tipo remesas, ayudas extranjeras, préstamos de organismos multilaterales o inversión extranjera directa. 

La forma de interpretar esta balanza estaría sujeta a dos signos: sería superavitaria si esa nación exporta más bienes y servicios que lo pagado por importaciones, si recibe más inversión extranjera que salidas por el mismo concepto, si obtiene mayores dividendos o intereses por ser propietario de activos en el exterior que lo pagado por igual ítem al resto del mundo, si se tiene altas tasas de ahorro nacional frente a la inversión, entre otras transacciones. Sería deficitaria si ocurriera lo inverso. En síntesis, tendrá saldo positivo (superávit) si el país es capaz de generar y/o captar más flujos de los que salen, en caso contrario tendría saldo negativo (déficit). Y aquí lo preocupante.

Es sabido que actualmente se goza de opacidad en las estadísticas nacionales. Sin embargo, se tiene cifras oficiales del año 2015, el cual estuvo marcado por una caída de todos los indicadores económico y pudiera servir para aproximarnos a los números del año 2016, pues son peores dada la caída de los precios del petróleo y el considerable pago de deuda de estos días. Para el año 2015 se tuvo un déficit de 18.150 millones de dólares representando un poco más del 50% de las exportaciones del mismo año y cerca del 10% PIB. Recientemente, el presidente Maduro confirmó que recibimos 87% menos ingresos con respecto del año anterior. ¡Escalofriante!  

¿Qué significa esto? La literatura económica sugiere que un déficit de cuenta corriente de 5% del PIB es problemático y por encima de ello se viviría una crisis inevitablemente. Esto ya lo estamos padeciendo, dado que estaríamos —según consultoras económicas nacionales e internacionales— aproximadamente cerrando con un déficit del 15% del PIB. 

 ¿Cuáles son las implicaciones del déficit en cuenta corriente para el venezolano? La carga es para las presentes y futuras generaciones, debido a que implicaría la reducción de su calidad de vida, porque el Estado (y ellos como contribuyentes)  tendría que disponer de recursos para pago de deuda e intereses, en lugar de destinarlos en inversiones en el sector salud, educación, vivienda y previsión social; sufrirían un severo ajuste en algún momento porque difícilmente se podría tener una hacienda pública sana con recurrentes déficit año tras año y esto incluye recortes sociales dolorosos para equilibrar la balanza (ya se siente con las reducciones en las importaciones de alimentos y medicamentos, por ejemplo); se perpetúa los compromisos de pagos con el exterior y viviríamos únicamente para cancelar esas deudas.  

¿Cómo revertir este déficit? Simple. Haciendo algunas cosas que nos negamos a concertar. Fundamentalmente, trabajar por la promoción y diversificación de nuestras exportaciones, coherencia y consistencia fiscal, utilizar los préstamos del exterior en inversiones rentables y evitar a toda costa utilizarlo en gastos corrientes e improductivos (como se ha hecho hasta ahora en muchas ocasiones), convertir al país en un gran atractivo para las inversiones extranjeras directas, crear marcos de estímulo  para el ahorro, moderación en los niveles de gasto —sin menoscabo de los niveles de producción— y elevar nuestra competitividad comercial.

Estamos muy lejos de materializar todo lo anterior porque la evidencia nos dice que son manifiestos los bajos niveles de ahorro, diminuta capacidad de inversión, situación fiscal alarmante, endeudamiento externo significativo, descontrol del gasto  y reservas internacionales disminuidas para hacer frente a este desequilibrio. Se requiere una respuesta de política económica consistente con la realidad que cachetea, por favor. Si no, conoceremos lo que es habitar en Níger, Zimbabue o Guinea Ecuatorial, con todo el respeto de esos países

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