¡Agónica!, la prueba madre de que la dirigencia de la oposición venezolana y sus aliados internacionales está agotada, lo que en criollo vernáculo llamamos “mamada”, es la forma nefanda en la que, la pasada semana, se han colgado de un clavo caliente para no caer.
Ahora resulta que la “incapaz”, la “inepta”, como la calificó esa lumbre de la nueva política como es Gaby Arrellano; quien ha sido tratada de “comadre”, “cómplice” y hasta de “cabaretera”, es ahora la Ulises, la última esperanza de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y el corifeo de periodistas y locutores de oposición que no se sientan a la mesa pero que son algo así como lo mirones del dominó: hacen señas, develan jugadas, cuentan mal las pintas, arruinan el juego y después critican porque no se jugó como ellos creían.
Lo que no ganó Henrique Capriles en dos elecciones presidenciales (2012, 20013), ni pudo arrebatar llamando a “descargar la arrechera”. Lo que no logró Leopoldo López en el 2014 con la insurrección de las guarimbas, lo que no pudo Henry Ramos Allup incendiando la Asamblea Nacional (AN) con su estilo kamikaze, la oposición espera que se lo sirva a la mesa y en bandeja de plata la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz. Uno puedo reír o vomitar al escuchar a los jurisconsultos de la oposición, ese foro ilustradísimo de letrados, elevar desde la más laxa ignorancia hasta sus propios altares del saber a la Fiscal. Es para echarse a correr la forma en que periodistas y locutores de oposición, justifican sus “errores del pasado”, exaltan el valor y la honestidad de la renegada, cantan la gloria de la conversa y van tejiendo con sus lenguas afiladísimas una especie de alfombra roja y dorada para hacerle sitio a su lado. Ya ni se acuerdan que es mujer.
Parafraseando a Rubén: “oposición llena de doblez” Esta gente se tomó bien en serio lo de la moral relativa del postmodernismo. Son “truco y retruco a la vez”, “paso y gano”, todos los naipes con los que juegan son “el mono” y si juegan con barajas siempre tienen el siete y el caballo de copas ¡joder!