En toda la historia republicana venezolana es la primera vez que ocurre un movimiento cívico de las características que se observan. Nunca había ocurrido en Venezuela una movilización de ciudadanos exigiendo el respeto de sus derechos fundamentales.
Estas movilizaciones donde la clase media asume su protagonismo y deber cívico, ocurren en medio de grandes y significativos cambios en todas las áreas del hacer cultural y de sus principios.
Los antiguos paradigmas políticos donde el liderazgo lo asumía una sola persona, alrededor de la cual se nucleaba un grupo de personas, abandona su centro para dar paso a los liderazgos compartidos. Ahora el protagonismo lo asume un equipo de trabajo que se distribuye las responsabilidades y trabaja de manera gerencial.
La responsabilidad política baja ahora hasta las comunidades y son los vecinos organizados quienes llevan a cabo la ejecución, en sus áreas de influencia, la transformación de su realidad sociopolítica, según sus necesidades. Y este movimiento cívico está obligando a nuevas maneras de información y comunicación. La comunicación está en manos de los ciudadanos. Lo cierto es que el movimiento cívico venezolano, de inmensa movilización de personas (-obvio usar el término “masa”) lleva en sí mismo una mayor exigencia colectiva. Y no es otra que la transformación total e integral de la sociedad venezolana y del Estado. Esto es lo que verdaderamente asusta al viejo liderazgo de todos los sectores.