Hildegard Rondón de Sanso / Exmagistrada de la corte suprema de justicia / [email protected]
Las páginas de consulta que ofrece Internet, me revelaron que el tema que pensaba plantear ya había sido objeto, nada más y nada menos que de cincuenta y cinco millones de referencias. Es decir que se trata de una materia investigada y, además, controlada mediante «agencias”, creadas en países de alta tecnología: EU, Francia, Suecia. Es desalentador para quien trata de revelar «novedades», sintetizar la diezmillonésima parte de las observaciones que han recaído sobre el tema.
La definición que haremos de los productos orgánicos en manera diferencial con la de aquellos que se denominan convencionales, es esencialmente descriptiva de su contenido. Al efecto, comprende a los productos que, en su elaboración están menos expuestos a sufrir la adición artificial de sustancias químicas; están exentos de la incorporación de hormonas para incentivar el crecimiento de los embriones y, en el caso de las proteínas animales destinados al consumo humano, no derivan de especies criadas en condiciones de tratamiento lesivas a la integridad de los seres vivos, como lo es la ultralimitación del espacio para su desarrollo.
A pesar de que en esta materia se habla solo de productos orgánicos, enfrentados a los convencionales, consideramos necesario incorporar una tercera categoría constituida por los que son genéticamente derivados de la modificación de hormonas para incentivar el crecimiento de los embriones y, del tratamiento, en el caso de los animales destinados al consumo humano, de condiciones ajenas al apropiado desarrollo de las especies. La definición comprende también el cambio de los procesos naturales por los artificiales destinados solamente a obtener menores costos en la producción.
Con relación a las ventajas y desventajas de los productos descritos, vamos a exponer algunos de los argumentos más utilizados en su defensa o ataque. Con respecto a las ventajas de los productos orgánicos, comentan sus defensores que los mismos otorgan beneficios extraordinarios como lo es la fijación del nitrógeno en las plantas, ya que, mediante el uso de fertilizantes naturales como lo son el trébol y la alfalfa se mejoran enormemente las cosechas. Otra ventaja económicamente relevante, es el hecho de que en los países en desarrollo constituyen una vía de progreso de las regiones. Es común igualmente encontrar en los defensores de la producción de los alimentos orgánicos el argumento de que crean altos niveles de bacterias benéficas.
Por lo que respecta a las criticas en contra de los productos orgánicos, se dice: 1) Los vegetales orgánicos se deterioran mas rápidamente que los convencionales por no tener preservativos ni ser objeto de irradiaciones positivas para su mantenimiento; 2) Los productos orgánicos son más caros que los convencionales en un 30 o 40 por ciento y hay los que se venden en sumas que cuadruplican a la de los convencionales; y, 3) Algunos estudios han revelado que las comida orgánica no es ni más saludable ni nutritiva que la convencional.
Como puede apreciarse estamos en un campo muy delicado y ninguna de las posturas resulta tajante y decisiva porque las opiniones contrastantes representan en el fondo a los grandes intereses que están en juego en el mundo moderno, por lo cual no hay una respuesta vencedora en esta vital controversia. Es por lo anterior que será la evolución del sistema la que nos diga quién tiene la razón y cuál es el producto que satisface mejor a un mundo esencialmente agnóstico e incrédulo como es el nuestro, que solo razona y decide en base a principios ampliamente demostrados y absolutos.