Las matemáticas de las elecciones presidenciales indican que aunque con matices la polarización chavismo-antichavismo sigue dominando la política nacional en términos parejos.
Aunque los análisis cuantitativos han caído en desgracia ante los cualitativos en un mundo y una academia más sensible a sus propias contradicciones y exclusiones, no dejan por ello los números como construcción humana de revelar realidades no siempre obvias, pero que están allí por si queremos verla.
¿Qué dicen los números de las recientes elecciones presidenciales? Intentemos comprenderlos en un marco más amplio de relaciones pero centrados en los guarismos.
Partiendo de que se trata de elecciones nacionales, el número con base al cual hay que comenzar cualquier intento de comprender los resultados del domingo pasado más allá de lo obvio es el número de venezolanos y venezolanas inscritas en el Registro Electoral, que para el caso es 20.527.571. Ese es el cuerpo al que hay que diseccionar.
En relación a esta cifra nacen las otras en debate. Los 9.132.655 que votaron y que representan el 46,02% de los inscritos y los 11.194.323 que se abstuvieron y que representan el 53,95. La conclusión obvia es que la abstención fue mayor y que tratándose de una elección la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que llamó a no votar ganó el proceso, pero cuando se cruzan estos datos con otros igualmente válidos aparecen otras razones.
Por ejemplo, la abstención en Venezuela para unas elecciones presidenciales ha rondado el 20%. En 2012, cuando se registró la más alta participación jamás vista en unos comicios nacionales, 80,49%, la abstención fue de 19,51%. El año siguiente, cuando la muerte del presidente Hugo Chávez obligó a un nuevo proceso la abstención subió a 20,32%. En las de 2006 cuando la participación dio un salto de 56,31% en el 2000 a 75,69%, la abstención fue de 24.31%. Fue a partir de esos comicios de 2006 que en Venezuela se deja de hablar de abstención y se centran los análisis en la participación.
En los últimos 18 años ha habido una abstención constante de por lo menos 20%. En consecuencia no puede la MUD ni sus analistas afirmar que 53,95% de los venezolanos que se abstuvieron el 20 de mayo lo hicieron para respaldar su postura de no votar. Restando la abstención histórica, que se manifestó incluso en los procesos de más alta participación, la cifra que la MUD podría adjudicarse muy optimistamente es de 33.95%.
Aunque la abstención por su naturaleza indeterminada, por el hecho de que no hay forma de saber realmente por qué la gente no fue a votar, no puede ser atribuida a una única causa, digamos que son los “no votos” de la MUD y que son, obviamente, menos que el 46,05% de los votos válidos claramente expresados en las máquinas del Consejo Nacional Electoral (CNE). Desde esta otra perspectiva la MUD perdió.
33,95% son 6.969.110 “no votos” que son más que los 6.205.875 votos obtenidos por el Presidente reelecto. Ahora bien, si el argumento de atribuir el total de la abstención, menos la histórica, la tradicional, a la MUD es válido porque ese fue su planteamiento, los números indican que pudieron haber ganado los comicios si la dirigencia opositora hubiera optado por apoyar la candidatura de Henri Falcón. Desde esta otra tangente no sólo pierde la MUD sino que su opción abstencionista se reduce al absurdo como enseñan las matemáticas.
Si aceptamos como válida esta argumentación y a la abstención sumamos los votos obtenidos por Henri Falcón y Javier Bertucci, asumiendo que ambos son opuestos al Gobierno, la victoria del antichavismo pudo estar cantada, si hubieran votado. Enfocado desde este ángulo, la MUD pierde y por autogol.
Ahora bien, más que la candidatura de Nicolás Maduro, quienes retaron realmente la postura abstencionista de la MUD, que tenía amplio respaldo de gobiernos extranjeros, fueron Henri Falcón y Javier Bertucci. Falcón, incluso, era hasta hace poco miembro de número de la dirigencia opositora.
Si sumamos el millón 917 mil 036 votos obtenidos por Falcón a los 988.761 de Bertucci tenemos 2.905.797 votos opositores válidos, claramente expresados, que intentaron sumar para cambiar al Presidente de la República y que lo hicieron bajo las fuertes presiones que implicó la campaña abstencionista de la MUD. A diferencia de la presunción de que la abstención es atribuible a la MUD, estos son votos válidos.
Nicolás Maduro ganó las elecciones con un millón 381 mil 722 votos menos de los que logró en 2013 y un millón 883 mil 445 votos menos de los que se manifestaron para elegir la Asamblea Nacional Constituyente convocada por él éste mismos año. Considerando que todo líder y especialmente los políticos tienen un desgaste considerado natural por el ejercicio mismo del mando, más allá de los números, habría que considerar si ese desgaste está o no dentro de lo aceptable en el escenario político económico actual.
En términos más generales, el hecho de que el presidente Maduro gana pero con desgaste y que la oposición al fragmentarse pierde doblemente porque el candidato Falcón es derrotado ampliamente y la postura de la abstención no se expresa claramente, no es lo necesariamente contundente, parece estar indicando que la polarización política sigue vigente en términos bastante parejos, casi tabla, ante los que la opción más sensata, lo que el pueblo parece estar diciendo con sus votos y sus abstenciones, es que quiere dialogo, acuerdo y paz.