Este parlamento ha hecho lo que ni el mismo Carmona se atrevió en su hora: pedir la aplicación de la Carta de la OEA a Venezuela.
Después de la Carmonada se desató un tiempo de negación y delaciones chivoexpiatorias. Yo no fui. Todavía en la AN y la MUD, que conspiró en 2002 bajo el alias de “Coordinadora Democrática”, se sacuden con que “Carmona nos rayó” (Ramos Allup dixit). Yo no estaba allí. Pocas veces unos golpistas han denigrado tanto del coronado cabeza del golpe.
De esas negaciones habla el tantas veces negado Pedro en su obra Mi testimonio ante la historia. Pero un libro no basta. Tendrá que escribir un segundo tomo porque, a 14 años de aquellos hechos, cada día se suman nuevos negadores. “Ni lo conozco”, juraba uno antier en la Asamblea Nacional.
Y ya que menciono la Asamblea, hoy controlada por la Cuarta República y sus nietos, la misma ha reivindicado a Carmona Estanga, no con sus palabras sino con sus obras. Con las primeras, lo niega; con las segundas, lo desagravia. Este parlamento ha hecho lo que ni el mismo Carmona se atrevió en su hora: pedir la aplicación de la Carta de la OEA a Venezuela, viejo planteamiento de Washington, como colchón diplomático para una intervención extranjera en la patria de Bolívar.
