La suspensión por tribunales penales estadales de la recolección del 20% de las voluntades que la Constitución exige para la convocatoria a un referendo revocatorio le da un giro patético a la ya dramática situación política venezolana.
Se esperaba que una decisión de ese calibre la tomara por lo menos el más alto tribunal de la República —de hecho así lo habían alertado voceros de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD)— por lo que la actuación orquestada de jueces regionales en una decisión que jurisdiccionalmente esta fuera de su alcance y de sus competencias es una cosa truculenta, de telenovela pues.
Y si a esta insólita salida le agregamos la ya desacertada decisión de aprobar el presupuesto 2017 bajo el amparo del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y no dejar que la Constitución actuara en consecuencia y el presupuesto quedara automáticamente reconducido –seguiría vigente la Ley Fiscal 2016- no se pueden obviar las señales colaterales que estos hechos parecen enviar sobre lo que pasa al interior del Gobierno y del chavismo.
Pero resumamos en una sola cuestión que en todo caso es umbilical y hagámoslo con palabras del comandante Hugo Chávez en la histórica disertación ante su Gabinete de Gobierno del 20 de octubre de 2012 y que se ha dado en conocer como Golpe de timón: “Una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer”.
¿Qué haría Chávez en estas circunstancias? La pregunta ayuda al ejercicio crítico y autocritico del que tan a menudo se habla, pero ante el hecho simple de que él ya no está y sólo él podría responder con sus actos a la cuestión, el Comandante se vuelve mayéutica.
Cuando uno dice que Nicolás no es Chávez no lo hace para quitarle méritos ni descalificarlo, sino para enfatizar el hecho obvio de que es él quien debe actuar en estos momentos y que está obligado a hacerlo en circunstancias distintas. La pregunta aquí realmente importante no es ¿qué haría Chávez? sino ¿qué está haciendo Nicolás Maduro?
Y ese quizás es el laberinto del Presidente de la República. Él es el hijo de Chávez, el guardián de su legado, el continuador de su obra, pero se trata de una obra que no está concluida y que a juzgar por el mismo Golpe de timón reclama nuevos rumbos o rectificar el curso de navegación, además, la situación económica se ha hecho más compleja con factores nacionales e internacionales que no existían hasta el 2012 y en el tablero político la oposición coronó el Poder Legislativo ¿Qué hacer sin descolocarse de su postura de continuador de Chávez?
En una revolución será siempre más lo que haya que cambiar que lo que haya que conservar. El mismo Fidel Castro decía que es “sentido del momento histórico, cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos”.
Y en el caso de la Revolución Bolivariana es, además, no renunciar jamás a la política, a la que se hace con el pueblo, la que convence.