La dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) me recuerda cada vez más a aquel viejo y buen libro del criminólogo venezolano Fermín Mármol León Cuatro crímenes, cuatro poderes. Vuelven, otra vez, a convocar una marcha sobre la capital de la República. Ahora la llaman la “Toma de Caracas” y aunque juran y perjuran, como siempre lo han hecho, de que la “toma” es pacífica, todo el país duda de que así sea por la sentencia bíblica: por sus obras los conoceréis.

No puede ser pacífica, además, si su propósito es el “fin del régimen”, al que, de acuerdo con la Constitución, que es la garante de la paz de la República, no se le puede poner fin a través de “tomas”. Ese “auto-antagonismo” de la MUD en el que las palabras significan lo que significan y todo lo contrario, es la verbalización, por retruque, de la creencia casi mítica de que pertenecen a una élite a la que se le está permitido todo o casi todo y en consecuencia están por encima del bien y del mal, de la moral a la que debe someterse el resto. 

Por esa sofisticación del lenguaje mediático y el poder que da el dinero, en un momento de suma crispación nacional, Enrique Capriles llamó “pacíficamente” a “descargar la arrechera” —él sabía que su gente estaba arrecha, es decir, iracunda— pero Capriles no se siente responsable de las muertes de venezolanos, incluyendo niños, causadas por esa descarga de furia colectiva que él ordenó.

Él es inocente porque él no le dijo a nadie en particular que le pasara un camión 350 por encima a un grupo de chavistas que celebraban su victoria, ni ordenó disparar armas de fuego o golpear a otro venezolano hasta matarlo, él lo único que dijo fue que “descargaran la arrechera”, ¡más nada! Es el mismo caso de Leopoldo López. Su defensa, en el juicio que se le siguió, consistió en sostener que aunque él convocó, financió y arengó a sus seguidores frente a la sede del Ministerio Público, nada tuvo que ver con la destrucción e incendio de sus oficinas. Él sólo dio un discurso político “pacífico”, según sus abogados. Pero, peor aún, aunque hay incluso videos en los que el mismo López afirma enfático que las guarimbas eran para salir de los que nos están gobernando, la Fiscalía no se atrevió a acusarlo por rebelión civil y otros delitos que por lo general están asociados a éste. Si hay algo supremamente peligroso para una democracia es creer que hay personas que por su posición política o económica, por su condición seglar o porque sencillamente cuentan con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, pueden saltarse la Constitución y las leyes que articulan los acuerdos mínimos que hacen posible la nación y la República. Freddy Guevara, Lilian Tintori, Henry Ramos Allup, entre otros dirigentes oposicionistas, han dicho que el 1 de septiembre, con unas marchas “pacíficas”, le pondrán fin al gobierno constitucional de este país, pero como eso no va a ocurrir y lo más probable es que se arme un mollejero “pacífico” marca MUD, dirán luego que ellos no son responsables de la violencia. Este año no habrá referendo revocatorio, sencillamente, porque la oposición creyó que en los primeros seis meses del año iba a hacer lo que ahora dice que hará en un día, el 1 de septiembre y, en consecuencia, no necesitaba activar desde enero pasado los mecanismos reglamentarios que sustenta la consulta. Pero la garantía de los derechos de todos pasa, precisamente, por el fiel acatamiento de la norma que los contiene. No habrá, además, revocatorio, porque la MUD se ha empeñado en bloquear todas las vías del diálogo, creen que con eso pierden terreno ante el Gobierno y no logran comprender desde su “Monte Olimpo” que ese era el camino. En Colombia van a un referendo este año, pero pueden hacerlo este año porque llevan tres dialogando en La Habana. No habrá revocatorio este año, por añadidura, porque la oposición, después del triunfo electoral del 6D, en vez de centrarse en Maduro, apegándose a la Constitución e interactuando con los otros poderes públicos, se quisieron comer un elefante de un solo mordisco y atragantados abrieron fuego a discreción contra el CNE, TSJ, Fiscalía, Fuerzas Armadas y la Colonia Tovar.  ¿Era necesario pelear con medio país para hacer el revocatorio? O la estrategia acertada era precisamente la contraria: activar el mecanismo en enero, apegarse al reglamento para evitar roces con el CNE y el TSJ y a fin de año tener la consulta. ¡Ah no! ¿Para qué esperar hasta octubre o noviembre? Ramos Allup los convenció de que antes de junio salían de Maduro.