En una tertulia que compartía con el Profesor Roberto Quintero sobre el adelanto de las elecciones en Venezuela, las cuales según el cronograma presentado por el CNE serán el próximo 22 de abril, concluíamos que la única manera que tienen los sectores de oposición de enfrentar al candidato del oficialismo, es a través de un outsider, es decir una figura distinta a las caras y personajes desgatados de la clase política que durante años se han aglutinado en la alianza MUD, ya que el electorado opositor se encuentra totalmente decepcionado, desesperanzado, agotado, de los mismo actores partidistas que han defraudado al país.
La figura de los outsiders ha sido una opción en distintos países del mundo para romper con el establishment de la política tradicional, por ejemplo recientemente Donald Trump representó una opción ganadora, alejada de las elites políticas y los clanes familiares que por años dominaron la figura del candidato presidencial. Tal como lo afirma Francisco Rubiales, Trump representó una rebelión de los ciudadanos contra el poder establecido en los Estados Unidos, él se “conectó con la enorme masa de norteamericanos decepcionados con el sistema, la que siente rebeldía frente a la política oficial y la que está dispuesta a arriesgar con tal de que se terminen el desempleo, la corrupción y la injusticia”.
De igual forma, en Francia la victoria de Enmanuel Macron según Rubiales, representó la derrota de la tiranía camuflada y de la falsa democracia de los viejos partidos, tanto de la izquierda como de la derecha, encarna la tesis de menos Estado, más libertad, más democracia, más protagonismo ciudadano, una ruta abierta hacia la regeneración y la derrota de esa vieja política intervencionista, estatista, hipócrita, antidemocrática e indecente representada por una izquierda y una derecha que comparten las mismas enfermedades: adoración del Estado, rechazo a la democracia verdadera, desprecio al pueblo y corrupción.
En el escenario Latinoamericano, han surgido otros outsiders, ejemplo en México, el empresario Vicente Fox logró romper con el continuismo de 71 años del PRI, según Ricardo Alemán, en su artículo ¿Efecto o defecto Fox? El fenómeno Fox, fue un efecto social y político que derivó en la edificación de un fuerte liderazgo electoral, que entre otras cosas, rompió algunas de las reglas del juego electoral mexicano. Desapareció el concepto del tapado y se dio paso a “las elecciones presidenciales adelantadas”, al tiempo que germinaron los liderazgos extrapartidistas.