Opinión

En opinión: Izquierdas, siniestras y Petro

Las izquierdas de España, que no son exactamente iguales, que en verdad tienen más diferencias que semejanzas pero que coinciden en el afán de hacerse llamar izquierdas, defenestraron en 48 horas a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno de España. El interés noticioso de este suceso no está sólo en las implicaciones del hecho, sino en que esas mismas izquierdas, hará cuestión de un año, no pudieron encontrarse en el hemiciclo del parlamento español para evitar que el derechista Partido Popular (PP), heredero del franquismo, siguiera siendo gobierno.

Pero como todo lo que se corrompe supura y hiede y se hace imposible de disimular, la Audiencia Nacional, el tribunal supremo de allá, sentenció que Rajoy no fue convincente en su testimonio sobre la trama de corrupción del caso Correa, por Francisco Correa, que a los españoles les dio por llamar “Gürtel”, en alemán. Y que las pruebas sobre la cuestión dejaban bastante claro lo que públicamente ya se sabía, que Rajoy se había lucrado con los fondos de la llamada “caja B” que manejó los sobornos, los cobros de comisiones, los contratos a dedo y otras menudencias con las que se financió el PP desde el año 1999, por lo menos.

Lo políticamente correcto hubiera sido que ante la sentencia del alto tribunal Rajoy dimitiera pero tuvieron que echarle, lo que demuestra que al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que se había inhibido para que Rajoy formara Gobierno, aún le queda un poco de rubor y buscó los votos de Izquierda Unida y los de Podemos, a las izquierdas pues, para aprobar la moción de censura, como allá llaman a la patada oficial.

En Colombia, las izquierdas y los que se hacen llamar progresistas o alternativos para evitar la mácula de derechistas y quitarse de encima al no menos “sanbenito” de izquierdistas han entrado en un dilema “ético” y “filosófico” porque le tocó a Gustavo Petro, que viene de la izquierda y ahora se ubica en lo que se hace llamar el progresismo y lo alternativo, enfrentar a Iván Duque, el avatar de Álvaro Uribe y el paramilitarismo colombiano.

Que las izquierdas o como quieran llamarse se desconcierten en momentos transcendentales de un país y les dé por “filosofar” cuando la realidad les reclama una acción coherente, una práctica consecuente con lo que dicen, una visión, por lo menos, de mediano plazo, se ha hecho tan común como el hecho de que las derechas se reconocen de inmediato cuando se sienten en peligro.

Así como en 1998 los partidos del establishment venezolano, Acción Democrática y Copei se unieron a Henrique Salas Römer para intentar frenar a Hugo Chávez, el Partido Conservador de Andrés Pastrana y el Partido Liberal de César Gaviria, negando éste último lo que ha sido su lucha contra Álvaro Uribe, se han sumado a Duque sin vacilaciones; mientras que a las izquierdas, a los progresistas o alternativos les ha dado por dudar, por extraviarse en reflexiones bizantinas, en la danza infructuosa de los “principismos” que terminan por hacerle el juego a quienes por principios deben combatir.

Por algo Dios aborrece a los tibios. Cuatro años más de uribismo para Colombia nunca jamás, ni de carambola, pueden compararse o equiparse a lo que pudieran ser los cuatro años de gobierno de Gustavo Petro, que si en algo ha sido coherente y con hechos concretos, ha sido en denunciar la trama paramilitar que se ha anquilosado en el país vecino.Ernesto Samper, Juan Manuel Galán, hijo del histórico líder liberal Luis Carlos Galán y Humberto de la Calle, quien negoció los acuerdos de paz con las Farc en nombre del gobierno de Juan Manuel Santos, como liberales, han sido más coherentes al separarse claramente de la decisión de César Gaviria de apoyar al candidato de Uribe que las izquierdas que prefieren pasar agachadas en esta cuestión.

Tampoco es casual que Pastrana y Gaviria, ahora de manitos agarradas con Uribe, y Mariano Rajoy hayan coincidido en inmiscuirse en el conflicto interno de Venezuela a favor de la derechista y neoliberal Mesa de la Unidad Democrática (MUD).¿Qué es ser de izquierda, porque lo de derecha lo tenemos bastante claro? La respuesta se complejiza aún más cuando nos llega la noticia de que el izquierdista Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de Andrés Manuel López Obrador tiene 92% de probabilidades de ganar las elecciones presidenciales del 1 de julio próximo. Una de las razones por las que la izquierda puede gobernar por primera vez a México parece ser el sentimiento azteca que ha despertado las constantes afrentas de Donald Trump.

En todo caso, como decía Andrés Maneiro, siempre es mejor equivocarse con el pueblo que acertar sin él. Los pueblos de Nuestra América están dictando cátedras. 

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