La llamada “crisis humanitaria” lanzada como campaña mundial y nacional por la oposición nucleada en la MUD no tiene fines humanitarios sino políticos; peor todavía, proselitistas.
Los medios nacionales que venden una imagen deplorable de Venezuela en el exterior, lamentan alarmados los frutos xenófobos de sus miserables campañas. En Panamá, una cadena de disociados se activó contra los compatriotas que viven en ese país. Un portal vegetal de la derecha matiza que apenas eran unos “40 manifestantes”; claro, de haber sido una marcha contra chavistas, multiplica sus cifras y magnifica la “protesta”. Sus políticas editoriales se les están revirtiendo como un repugnante bumerang ensalivado.
La imagen que de los venezolanos tienen allende las fronteras no la fabrican los compatriotas que trabajan o estudian allá, sino los medios para los que, como me lo confesó el editor de un diario comercial durante el paro petrolero de 2002, “todo lo que es malo para Venezuela es noticia para nosotros”.
A estos se suman los políticos opositores que andan por el mundo en una cruzada contra su propio país. Se les agregan los artistas criollos de la farándula, quienes juran que hablar mal de Venezuela les suma caché y audiencia. Nacho, el del dúo con el Chino, orador solemne de Ramos Allup, hace cierto tiempo llegó a un show en Estados Unidos al grito de: “¡Llegó Venezuela! ¡Esto es un atraco! ¡Todo el mundo entregando las cámaras!”, haciendo el gesto del que tiene un arma. Si así presentas a tu país con la fuerza de tu fama, ¿qué quieres que piense de tu patria el ciudadano de aquellas tierras?
