Opinión

En opinión: “Escrachar (cacerolear)”

 Hay formas de actuaciones colectivas que, por transformarse en costumbres, comienzan a tener su propia designación, adquiriendo un nombre con un significado gramatical específico, como lo es el título del presente artículo.

Con el verbo “escrachar” se alude a la acción de los grupos que, por razones ideológicas en general, deciden manifestar colectivamente su aversión hacia otros sujetos o personas, haciéndolo en forma escandalosa a fin de colocar a los afectados ante el desprecio colectivo. Entre nosotros, la manera originaria de manifestar esta postura es el llamado “cacerolazo”, que consiste en producir sonidos metalizados golpeando ollas y otros objetos ruidosos, dirigidos a un sujeto o grupo, para informar del desprecio que se mantiene hacia los mismos, e impedirles su permanencia donde la actuación se realiza.

 El cacerolazo es manejado normalmente por activistas, que, a su antojo, pueden ordenar que a cualquier hora u oportunidad, preferiblemente en la noche, se rompa el silencio en un momento específico, para que imperen solo las cacerolas y, hacer con ello del conocimiento general su desprecio a una medida o a un sujeto. Se cuenta entre nosotros, el caso de los cacerolazos con los cuales se recibió en un restaurante caraqueño, a un exministro que no gozaba de la simpatía de un grupo, el cual tuvo que soportar toda la crueldad de la afrenta, acompañado de los miembros de su familia.

 El “escrachar” es una forma específica de manifestar la  intolerancia, es decir, de no soportar lo que otros significan o hacen y, menos aún, de la razón de su conducta. Escrachar va dirigido directamente en contra de la libertad que la Constitución nos reconoce al libre desarrollo de la personalidad, a la autónoma escogencia de las ideas, de las tesis, de los conceptos, de las valoraciones éticas o estéticas que más nos atraigan.

Cuando se ejerce el escrache se está atentando contra del derecho que todos tenemos a ser como somos y a creer en lo que creemos y a actuar (legítimamente) en lo que consideramos valedero. El escrache significa elevar el desprecio individual a la calidad de desprecio colectivo; significa, hacer notoria nuestra inconformidad con  un sujeto o con un grupo de sujetos a los cuales objetamos sus tendencias ideológicas o su conducta y, en tal forma, lo que se hace es atentar contra la intimidad de nuestros semejantes, abochornándolos, generalmente, ante su familia y sus allegados.

 Cuando estas actuaciones se imponen en la sociedad, de inmediato los estudiosos le buscan el origen etimológico. Es así como “escrache” es señalado como un término de uso político en Argentina, que expresaba la conducta de las personas ante la impunidad de los genocidas, en vista del indulto que les fuera concedido por  Carlos Menen. En España, el escrache se inició en las protestas que efectuaban los afectados por las medidas de desalojo (desahucio de inmuebles hipotecados). Se ha dicho por otra parte que, en realidad, la palabra deriva del italiano y se vincula con el término “escupir”, en dicho idioma, sobre todo, en los dialectos del norte de Italia, que se han extendido a otras regiones.

 Indudablemente que el término, en la acepción en que nosotros lo conocemos, está utilizado para aludir al rechazo que se manifiesta contra una persona o grupo que tiene determinadas ideologías, destinándose su realización a prolongar al máximo, el tormento de la víctima. Es una forma de violencia colectiva que, atenta contra los derechos humanos, por lo cual, no debería ser ni propiciada, ni aceptada, sino por el contrario, repudiada, por cuanto al enemigo no se debe atacar con humillaciones, sino de frente con ideas, con ejemplo, con altura.  

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