Con los dedos en el teclado, usualmente entrelazamos contingencias conductuales, donde, la conducta de una persona puede proveer consecuencias positivas o negativas, para la conducta de una segunda persona y de muchos en el mundo entero. No digo que no podemos opinar, lo que digo es que debemos tener un poco más de conciencia en lo que podemos afectar y saber de lo que hablamos porque podemos mal informar y crear conflictos innecesarios.
Por una parte, un sector de la Política venezolana, se basa en la estrategia política progresista, que reconstruye a cualquier candidato neoliberal en un candidato “populista” que aboga por la ampliación de oportunidades para la clase media; sin importar su pasado político, conducta moral, solvencia económica, que esté en deuda con la justicia y mucho menos si es un diablo.
Por otra parte, otro sector se basa en la práctica de la guerra sucia, que consiste en tomar las debilidades del enemigo para hacerlas fortalezas de su par, además de maximizar las debilidades del candidato a vencer sin importar la verdad de los argumentos, haciendo que estas mentiras sean creíbles. Estamos ante una guerra de alta intensidad comunicacional vía medios sociales, redes sociales; donde los actores dispersos o confrontados ayer, hoy como consecuencia de la sombra de la derrota, hacen su último esfuerzo por atacar en una práctica de “vale todo” como acto desesperado.
Cuando un dirigente del Psuv, llama a los que escriben por los medios sociales a crear tendencias de un mensaje, acto o desagravio, en cuestión de minutos estos autómatas o robots hacen lo propio; es increíble ver cómo podemos no tener esa capacidad de análisis cuando se nos presentan este tipo de comentarios propuestos por estos populistas; creemos que con dar un “like” ayudamos a solucionar la crisis en nuestro país Venezuela, creemos que con un simple “share” vamos a quitar a Maduro de la Presidencia, pensamos que con un “tweet”, Eveling de Rosales lo va hacer mejor.
Estoy harto de escuchar que el Psuv, y la MUD son uno la esencia de la Revolución Bolivariana, y que sin ellos la revolución no funciona o estaría en peligro. Y el otro queriendo ser gobierno muy al estilo de Daddy Yankee (quítate tu pa ponerme yo). No dudo que en algún momento así lo fue cuando los sucesos de abril del 2002; actualmente se han convertido en una de las más grandes desilusiones colectivas para la mayoría del pueblo venezolano, por sus promesas de soluciones a la problemática del país, enroques de gabinete, la promesa de la ultima cola, aparecerán los productos, cero hampa, donde se dice que el pueblo es el que gobierna, para el pueblo y por el pueblo. Cuando realmente damos lecciones de inflación, escasez, especulación, corrupción, inseguridad, impunidad, miseria, entre otras cosas.
Otro hecho que evidencia lo que expreso es la propaganda electoral y populista de Voluntad Popular, donde actúan como una sociedad mercantil o asociación sin fines de lucro, utilizando recursos para fumigar, dar recipientes de almacenamiento de agua, terrorismo psicológico, asociando íconos claramente identificados con los problemas en nuestro país, en un ejercicio de simplificación temática, tan perversa como la propaganda aquella del abasto, donde se daba por hecho que la propuesta de reforma constitucional eliminaría la propiedad privada.
Creo ingenuo subestimar las consecuencias de estas acciones del oficialismo y oposición, una metralla de mensajes negativos y descalificadores, saturación de pantalla negativa, y la mentira despiadada con base en medias verdades será la operación remate acompañado de cada quien de un populismo enervante a través del teclado.
Esta actitud, populista de teclado alimenta el descontento popular, con un discurso basado en la queja contra el socialismo y el capitalismo; entendamos que terminada la era Chávez, acompañada de luchas anti escasez y anti inflación, son las que producen las grandes revoluciones de la historia tanto en lo político como en lo intelectual. Es una verdad que debemos ver con cuidado, porque juntos a los otros poderes públicos, están llevando al país a una confrontación que siempre se sabe como empieza pero no como termina.