El país está en un momento clave, pues se necesitan vías que permitan destrabar la crisis, erradicar el modelo y aplicar los correctivos que sean necesarios para superar el profundo deterioro causado por un Gobierno no sólo malo, sino perverso porque logró su objetivo primordial: empobrecer a los venezolanos, aunque falló en su intención de controlar y resignar a la mayoría.
El diálogo es una extraordinaria oportunidad de lograr el cambio, siempre y cuando sea sincero y se sustente en unas condiciones claras que restituyan la institucionalidad perdida a manos de un régimen que abusa del poder. Un diálogo para que el Gobierno gane tiempo, no lo vamos a aceptar. Eso sería una burla para los venezolanos.
Por eso, las condiciones que ha puesto la Unidad para acudir a ese diálogo son las correctas: activación del revocatorio, libertad de los presos políticos, rescate de la institucionalidad y la admisión de la crisis humanitaria para atender a los venezolanos que pasan hambre o mueren por la falta de un medicamento.
No hay forma que el Gobierno pueda descalificar y desestimar alguna de esas condiciones. Todas son legales, todas son legítimas y todas ayudan a construir las soluciones a la crisis y eso pasa por una salida electoral y eso lo representa el referendo revocatorio y que el pueblo decida si Maduro se va o se queda. Ese derecho lo tenemos los venezolanos y eso nadie lo puede poner en duda porque está en la Constitución.
