En 2013, la economía venezolana desaceleró su ritmo de actividad para caer en una reiterada contracción anual que desembocó en la actual depresión. Desde 2014 el PIB se redujo 34%, cuestión que explica el actual desabastecimiento.
A la escasez se suma ahora la hiperinflación. La emisión de dinero sin respaldo para financiar el déficit de Pdvsa hace arder la inflación. Mucha plata detrás de pocos bienes dispara los precios. La creciente masa de dinero presiona el alza del paralelo, tasa marcadora en la formación de precios.
Nada resuelve ganar nominalmente más bolívares si realmente se pueden comprar menos bienes. La hiperinflación también pulveriza el poder de compra de la recaudación fiscal, la cual no alcanza para cubrir los gastos del Gobierno. Al financiar el déficit del sector público con nuevas emisiones de dinero inorgánico, se cae en un círculo vicioso que desencadena y atiza la hiperinflación.
En 2017 la producción de petróleo se redujo 440 mil bpd y cerró en un millón 830 mil bpd. En 2012 las importaciones fueron de $ 65.951 millones, y en 2017 cayeron a $ 12.300 millones. La escasez de materias primas, insumos, repuestos, maquinarias y equipos importados explica el colapso de 34% del PIB.