Hace seis meses que en la urbanización en la que vivo se robaron el cable del servicio telefónico –o por lo menos eso fue lo que nos dijeron- supongo que eso no es una novedad para muchos de ustedes.
Los vecinos hicimos una «vaca» para pagar la reconexión. Pagamos mucho más de lo que hubiéramos pagado en todo un año dado que la tarifa es realmente ridícula pero fue infructuoso.
Nos quitaron los cobres y la línea no volvió.
Curiosamente, Cantv me sigue enviando con frecuencia un mensaje de texto recordándome mi deber de pagar la tarifa por lo que supongo que la empresa ni se da por enterada de que en esta zona de Maracaibo, como en muchas otras, se robaron el cable.
Disculpen el tono personal pero lo traigo a colación porque me parece que esta situación retrata muy bien el fondo y la forma de la crisis que padecemos hoy los venezolanos: Cantv ignora que un poco más de 300 casas de este sector de Maracaibo se quedaron sin el servicio hace seis meses y envía mensajes de texto como si todo estuviera perfectamente bien.
“Disociación psicótica” llamaba el Gobierno a ese comportamiento que se empeña en no hacer contacto con la realidad o de enmascararla.
Un poco como esa “solución” que alguna gente le está dando al asfixiante problema de la basura: le prenden fuego, con lo que sólo tienen nubes y nubes de humo pestilente, más contaminación, y, al final de la quemazón, la misma pila de basura pero chamuscada.
¡Cable a tierra por favor! o sería que también se lo robaron.
Voceros del Gobierno llaman al pueblo a resistir ¿Qué creen que ha estado haciendo la gente en los últimos cinco años? Más que resistir, los venezolanos y las venezolanas, que estamos hechos de la misma materia de la que está hecha la tierra que nos nombra, desde el macizo guayanés hasta el Pico Bolívar y Las tres tetas de Perijá, más que resistir hemos combatido con la única arma que es realmente útil en situaciones como esta: el voto, el talante democrático, la paciencia, la opción vertical por la paz.
En los últimos cinco años, para derrocar al presidente Maduro, los venezolanos y las venezolanas hemos sido empujados a la violencia fratricida, al caos, a la desesperanza.
Nos han arrastrado más allá de los límites de todo lo racional con el único propósito de hacernos implosioar como pueblo.
Nos han dado con todo, amenazan con más y Venezuela sigue como la niña india sobre la onza. Como Ana María sobre el burro mientras era azotada por las calles de Maracaibo.
Al Gobierno y a sus voceros les pasa como a Cantv y sus mensajes de cobro después de seis meses sin servicio.
Es, además, incomprensible que llamen a resistir la metralla de Dólar Today y de todos los empresarios, banqueros, comerciantes que le obedecen como si de un oráculo se tratara, mientras el mismo Gobierno sigue tolerando situaciones como las que se viven a diario en Las Pulgas de Maracaibo con los precios en efectivo, que no hay.
En cinco años la casta empresarial que controla la economía venezolana y que decidió obedecer a Dólar Today más que al mercado mismo, no ha podido derrocar a Maduro usando el hambre como arma política, entre otras cosas, porque su brazo político es absolutamente incompetente para hacerse con el poder.
Es perverso insistir con esa estrategia de estrangular a la gente por el estómago y, sobre todo, por la dignidad de ser un ciudadano.
¿Qué puede esperar el pueblo de una casta política y empresarial que le exige que renuncie al diálogo democrático, a la paz, al voto, a su condición de ciudadano o el dólar va a llegar a 300 mil en dos días? ¡Cable a tierra por favor!