Hoy hace un año que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) logró el más contundente triunfo sobre el chavismo al ganar la mayoría calificada de la Asamblea Nacional y es, por lo menos, extravagante, para no hablar de frustración o desencanto, la manera en que lo convirtieron en un verdadero fracaso.
Entonces algunos no pudimos ni imaginar que circuitos emblemáticos del chavismo como los que conforman el oeste de Maracaibo se perderían con 10 mil y hasta más de 30 mil votos de diferencia y la situación, en general, lucía apocalíptica para el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y el Gran Polo Patriótico (GPP) que, encuestas, analistas y, sobre todo, su dirigencia nacional, daban como indiscutible ganador.
Un año después, aunque el pueblo la está pasando mal, uno tiene la sensación de que en lo político, en lo estructural, no ha pasado absolutamente nada: la MUD no ha derrocado al presidente Nicolás Maduro como prometió hacerlo con base al triunfo del 6D y el Gobierno chavista no logra remontar de manera clara la situación de crisis que lo llevó a la derrota del 6D. El juego parece estar trancado y en este caso, ambos tienen “la cochina”.
La prueba de esta afirmación se puede ver diáfanamente con el asunto del diálogo con mediación de la Unasur y el Vaticano. Cuando los voceros de la MUD dicen que el Gobierno de Maduro sólo busca “ganar tiempo” no caen en cuenta, ni de casualidad, que ellos pelaron ese boche, que el Gobierno ha ganado tiempo en la misma proporción en que ellos lo han perdido.
¡Claro! Ellos dicen que el Gobierno gana tiempo porque se suponía que después del 6D, en cuestión de 30 días, según Voluntad Popular, o a lo sumo en seis meses, según prometió el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, el Presidente se caía de maduro. Así que esperando que cayera por gravedad, como la manzana sobre Newton, dejaron pasar los lapsos legales para convocar el referendo revocatorio y han postergado indefinidamente su promesa de acabar con las colas y de presentar un programa económico alternativo al Plan de la Patria.
Francamente, hay que ser, ¡cómo te digo! Hay que ser, ¡no se! Digamos que bien MUD para, en un año, convertir una clara victoria en esta cosa que ahora tienen y que llena de más desasosiego al país. Uno lee las columnas que escribe el secretario general de la MUD, Jesús Chuo Torrealba, y aquello es para echarse a correr. Espanta ese sainete de vanidades, esa epopeya de alcantarillas, esa “noche de cuchillos largos” que se ha montado la dirigencia opositora según su Secretario.
Y cómo era de esperarse, las contradicciones se vuelven dramáticas cuando no obscenas. Mientras la señora Lilian Tintori ordenó en nombre de su esposo que la MUD se levantara de la mesa de diálogo y el vocero principal de Voluntad Popular, Freddy Guevara, exigía a sus correligionarios que admitieran que eso fue una “trampa madurista”, los ciudadanos que están presos en el Helicoide y en otros centros de reclusión del país, que no tienen la publicidad de Leopoldo López, ni los cobres, claman porque se mantengan en el diálogo.
Mientras la MUD amenaza con levantarse de la mesa y dejar plantado a su invitado, el enviado del Papa Francisco, porque, como hace un año, jura que el Presidente va a caer en cualquier momento, no logra articular una ruta clara para el cambio del que tanto hablan. Ya han guarimbiado, ya han marchado, ya se han encadenado, ya han hecho huelga de hambre, ya han caceroleado y del cambio nada. La socarronería con base en el 6D no les permite ver que la única posibilidad de crear una salida a la crisis como lo espera el país es, precisamente, la que rechazan con furia: el diálogo.
Pero en vez de acelerar el diálogo les piden a sus aliados en Miami y Cúcuta que suban el precio del Dólar Today para ver si, arruinando a los venezolanos, logran convencerlos de cambiar el Presidente que éstos se han dado, aunque elecciones por lo pronto no hay.