Chapotean allí varios pícaros. Cual malolientes marranos. En sus ropajes se divisa el rojo carmesí, el dorado con negro, el naranja azafranado, el azul del mar. Empresarios reinosos, voraces burócratas, diputadillos truhanes, meretrices… Este país macilento, devastado, saqueado, observa con estupor y asco.
¿Quién roba más? ¿Son más corruptos éstos que nuestros granujas de siempre? ¿Acaso el mal radica en su naturaleza humana? La ontología no otorgará muchas pistas en este asunto esencialmente político.
Si una razón tiene el latrocinio de los dineros públicos, más allá de los bribones en ristra, es el desembozo autoritario y la fractura institucional. Una república que no lo es, sin contrapesos ni controles, tiene la batalla perdida de antemano. Hubo una vez un caudillo que puso su ruda mano sobre los Poderes Públicos y los sometió a su suprema voluntad. Luego el Parlamento dejó de interpelar a funcionario público alguno, inmemorial costumbre de la «despreciable» democracia liberal. Descalificados los medios de comunicación (y muchas veces auto-descalificados), el país dejó de creerles, y así la acción contralora de la opinión pública pasó a ser una borrosa nostalgia. Y luego quienes reprobaban desde la oposición a los tunantes del gobierno, escogieron el desbarrancadero del Estado paralelo, es decir, desinstitucionalizaron aún más al Estado, y así echaron mano sin control ninguno a cuanta plata manaba de las arcas del imperio. ¿Qué se podía esperar de este desbarajuste? ¿Era evitable el festín fétido y purulento que presenciamos hoy? Muy poco probable.
Si en una epifanía de buena fe, estos dos gobiernos que no lo son -el fáctico, que ocupa Miraflores, y el de mentirijillas, que se extravía en Capitolio- procuraran acordarse, si no para conducirnos hacia una democracia plena con progreso para todos, sí al menos para atacar asuntos nodales que agobian a la nación: energía eléctrica, agua, inflación, alimentos, medicinas, digo yo, acaso podría pensarse también en *un Pacto Anti-corrupción que permita restituír escenarios independientes de contrapeso y control para unos y para otros*. Tarea para la Mesa y para la Asamblea. Que el Contralor deje de ser un indulgente camarada. Que las investigaciones parlamentarias las dirijan los contrarios, según sea el caso. Que se restituya la constitucionalidad, a todos estos efectos. Y si aspiráramos a más, ¿no podríamos los moderados, y los dialogantes, y los demócratas, y los patriotas, de lado y lado, coaligarnos para co-gobernar por unos años, mientras sacamos al país del foso? Es lo que he llamado _la vía polaca_.
