El único que en Venezuela le teme al voto real, transparente y secreto es el Gobierno. Y le teme porque el sentimiento de cambio democrático y pacífico es mayoría en el país. Por eso hace todo lo posible por evitar que la Unidad se presente en las elecciones regionales. Teme un desastre.
Y en eso tengo que darle la razón. El Gobierno se expone a un desastre electoral porque va a pagar con creces la dantesca acumulación de errores que se han traducido en mayor inseguridad, pobreza, hambre, inflación, pérdida de la calidad de vida; pero fundamentalmente la quiebra de una nación que era ejemplo de progreso y atraía a centenares de inmigrantes, pero hoy somos una lamentable fuente de emigrantes.
De ahí la importancia que el Gobierno le está dando a su estrategia de confundir a los electores y además impedir que la Mesa de la Unidad Democrática termine de configurar los consensos u organice unas primarias,que permitan empoderar al ciudadano y que este mediante su voto decida quienes serán los candidatos de Unidad.
Frente al interés del régimen de evitar la participación de la oposición en las elecciones, se debe levantar la férrea y mayoritaria voluntad de cambio de los venezolanos que deben participar con el fin de seguir ganando espacios, pero al mismo tiempo que no se abandona la calle.
