Podrá ser una coincidencia, pero pocas veces existe ingenuidad en hechos como los que a continuación relataré. Según un estudio de Datanalisis para la empresa Torino, radicada en New York, con mucho interés de que se mantenga el ritmo de pagos de la deuda externa venezolana, a costa incluso del hambre y la ausencia de medicamentos que hoy esto implica, se “filtra” la información, según la cual “…el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos, tiene una preferencia de 53%, por encima de Henri Falcón, quien posee 51,4% de popularidad, y de Leopoldo López y Henrique Capriles, quienes tienen 48,9% y 47,3%, respectivamente”.
Al mismo tiempo, en el marco de un acto protocolar que sugiere trajes blancos para la ocasión, protocolo que fue seguido por la mayoría de los representantes que asistieron, pero insisto, no era de obligatorio cumplimiento, como lo demostraron el presidente Evo Morales y Rafael Correa, el presidente Maduro asistió a la juramentación del nuevo presidente de República Dominacana, trajeado de blanco.
Sé, y me van a disculpar, que el país está para cosas más importantes que estar pendiente de cómo se viste el presidente Maduro, o de quien aparece en las encuestas de primero, cuando la verdadera crisis es social, económica y política, pero fundamentalmente ética. Pero no deja de ser significativo para entender nuestra realidad, el fijarnos cómo existen elementos simbólicos que se interconectan y significan cosas que hemos venido advirtiendo hace un tiempo atrás.
Volver al pasado de la IV República, como consecuencia de los errores de la V, sería retroceder en todos los aspectos. Si el gobierno de Maduro hace un año nos hizo pensar que habíamos retrocedido económicamente a los años previos a la victoria del presidente Chávez, hoy políticamente podemos decir que hemos retrocedido a los días previos al sacudón de 1989, donde todavía el bipartidismo puntofijista acaparaba el control político en Venezuela.
