El ciudadano, cansado de años de populismo, de pésimas gestiones gubernamentales escondidas tras un Gobierno nacional corrupto e ineficiente, además de la lamentable ausencia de autocrítica como oposición, hoy tal cual la historia de Andersen, primero con murmullos, y luego a una voz en grito de todos los zulianos, señalan a aquellos dirigentes que negocian la libertad de un pueblo, a cambio de la libertad política individual, anteponiendo sus intereses económicos por encima de la dignidad y la precaria situación por la que hoy pasa todo un país.
La historia será la que juzgue las gestiones oportunistas y populistas de quien se autoproclama “defensor del Zulia”. Y no porque una mentira sea aceptada por muchos, tiene que ser cierta. Los gobiernos que hemos tenido durante los últimos 20 años en el Zulia han sido sumamente populistas, caracterizados por un populismo salvaje a nivel nacional, bajo el color rojo, y muy lamentablemente, nuestro Zulia, ha sufrido el populismo azul. Populismo, que tanto daño le ha hecho al país, y se denota en gestiones cuya imagen del gobernante se hace famosa en autobuses, vallas, avenidas, calles y todo aquel bien que está dispuesto al “servicio” público.
Quienes se han convertido en embaucadores de los ciudadanos, promueven la ignorancia colectiva a través de un pseudolíder populista y sus dirigentes, así como aquellos que equivocadamente anidan a su alrededor para mantenerse en el poder asumiendo un sectarismo, autoritarismo, arbitrariedad, así como también, la transgresión a las leyes y a los derechos humanos como valores básicos que promueven una sociedad libre y verdaderamente democrática.
El sectarismo que por muchos años ha dominado la lamentable y aberrante forma de hacer política en el Zulia, hoy, se encuentra en un estado depauperado junto a su líder, Manuel Rosales, quién bajo un show, vaticina un regreso al estado que tanto daño le ha hecho. Un retorno absurdo, estéril, y que bajo convenientes “coincidencias” es antecedido por la bochornosa falta de dos de sus diputados en la Asamblea Nacional, torpedeando la elección de nuevos rectores del CNE.