Quedarse impasible ante el éxodo es políticamente un delito más grave que el enriquecimiento ilícito.¿Cuál es el tema que debo desarrollar ante una situación tan grave como la existente en Venezuela? ¿Trataré sobre el éxodo de los profesionales; sobre la inflación desmedida, empobrecedora, destructiva; o bien, disertaré sobre las carencias, que llegan incluso a ser absolutas, de algunos medicamentos y artículos para la alimentación? ¿Sobre cuál de estos males debemos pronunciarnos cuando cada uno de ellos es grave y aparentemente insoluble?  Mi condición de profesora universitaria con más de treinta años de ejercicio de la docencia, así como mi apego a la educación como la “fórmula mágica” para transformar la sociedad, es lo que me hace decidirme por el tema de la inmigración forzada de los profesionales venezolanos y con ello sobre la pérdida del capital humano que al mismo tiempo representa el medio para la conformación de la cultura científica, literaria y humanística en nuestro país. Es un hecho indudable que los mejores se van. Algunos encuentran algún motivo fundamental que les impide hacerlo y se quedan, pero son cada vez menos los que así proceden. No quiero ni siquiera pensar en la situación de quienes emigran sin tener una carrera conformada, que es la base del conocimiento técnico científico y de la experiencia bien cimentada que es lo que otorga seguridad e incluso, prestigio. Estoy hablando de las personas para las cuales el futuro era Venezuela: solo ella y sin opción alguna para penetrar en esferas más universales. Esos casos quedaban protegidos por la sombra y el ejemplo de quienes operaban como tutores y maestros. Con esta simbiosis estaba presente un factor estimulante que les servía de guía y al cual tuvieron que renunciar ante una meta única e impostergable: salir del país, buscar nuevos horizontes; encontrar mejores posibilidades de estudio, de investigación y de enseñanza. Por otra parte es evidente que estamos enriqueciendo gratuitamente a países que no gastaron absolutamente nada en entrenar a sus profesionales, en cuanto que nosotros se los estamos suministrando sin costo alguno de formación intelectual. Muchos de los que se van son los ex alumnos de nuestras universidades públicas o experimentales, en las cuales, no se cobra absolutamente nada y los estamos dejando ir para que conformen el capital invalorable de universidades extranjeras; de centros de estudios extraños a nuestros intereses. Creo que los políticos no son inteligentes, ni siquiera conscientes cuando lloran otras pérdidas que son diferentes a las de nuestros profesionales.  Para mí, ellos son los que cuentan si se trata de aspirar a un país a la altura del que intentaron forjar quienes crearon nuestras universidades experimentales. Ellos son los que cuentan para la enseñanza; para la investigación; para la planificación de nuestro mejoramiento cultural. Otros, puede ser que regresen, ellos nó, porque en el exterior, en los países altamente desarrollados, el reconocimiento y premio a la intelectualidad es inmediato. Hay que actuar rápidamente antes de que el último de esos seres privilegiados que fueron el orgullo de la intelectualidad venezolana, de la ciencia, del Derecho, de las matemáticas, de la biología rompa el billete de regreso.  Es equivocado considerar que las faltas de los funcionarios públicos se limitan a los casos de corrupción administrativa, esto es, que se trata solamente de una cuestión de dinero, cuando en realidad las verdaderas culpas son aquellas que versan sobre la pérdida del talento nacional cuando se, en consecuencia, deja escapar el talento vivo de los venezolanos profesionales, sin dudar ni un momento en que con ello se está cometiendo un delito más grave que el de la apropiación de bienes del Estado.