Los que destruyeron a Venezuela, ¿son los que ahora la van a reconstruir? ¿Aumentando las dosis de las mismas medicinas que siguen agravando la enfermedad? ¿Acelerando la marcha, a paso de vencedores, hacia el abismo? Los que nos mintieron descaradamente ¿van a garantizarnos una Comisión de la Verdad?
Los que actuaron caprichosamente y no vacilaron en recurrir a todos los medios, incluso la represión más feroz, ¿van a ser ahora los que otorguen cartas de buena conducta? ¿Está siendo en verdad la Constituyente un lugar para el debate libre y la solución de los problemas o un instrumento del gobierno para atornillarse en el poder y castigar a los opositores? ¿Acaso no hay entre los constituyentistas espíritus libres y valientes que se opongan a esta comedia? ¿Dónde están todas esas personas que, en las propagandas obligadas, nos pedían el voto y nos prometían soluciones a los problemas?
Se nos dijo y repitió que la primera tarea de la Constituyente era enfrentar el problema económico y mitigar el desabastecimiento, la inflación y el hambre creciente a pesar de que la Presidente de la Constituyente, Sra. Delcy Rodríguez, la niegue. ¿Dónde vive esa señora? ¿Acaso no ha visto a las personas rebuscando en los pipotes de basura? ¿Acaso no le duele la angustia de tantas madres que no tienen que darles de comer a los hijos? ¿Sabrá que un plátano, una papa o un tomate valen más de mil bolívares, y un kilo de carne más de 22 mil?
Los constituyentistas insisten, con una seriedad de neoconversos, en la necesidad de superar el modelo rentista y sustituirlo por un modelo productivo. Parecen ignorar que en estos años de desgobierno destruyeron el aparato productivo, saquearon el país, y no sólo no fueron capaces de resolver alguno de los problemas esenciales, sino que los agudizaron todos.