Una de las cosas que me molesta más de la actitud gubernamental, del Psuv y de muchos seguidores chavecistas, es su convencimiento de que Chávez vino inmediatamente después de Bolívar. Antes de llegar el comandante eterno todo había sido obscuridad y tinieblas, nadie se había ocupado ni un poquito de las necesidades del pueblo venezolano, no existían escuelas, ni educación obligatoria, ni gratuidad de la enseñanza universitaria.
El pueblo, inventaron ellos y luego se lo creyeron, no iba a la universidad y si alguno se colaba lo sacaban inmediatamente por las greñas, que no cabellos. Uno de los periodistas que me entrevistó en VTV dijo que en las universidades sólo estudiaban en el pasado los hijos de los profesores. El resto de los hijos de los venezolanos, según este joven, había podido estudiar en la universidad por obra y gracia de Chávez. ¡Imagínense! Este muchacho, fanatizado, afirmaba una mentira del tamaño de una catedral, pero que él creía verdad pues así lo habían adoctrinado.
En Venezuela, eso de repetir una mentira tantas veces, que quien la creó llega a creérsela, no es propio sólo del chavecismo, también se lo observa en la oposición agrupada en la MUD. Alguna gente, afortunadamente no creo sean mayoría en ninguno de los dos casos, repite tanto que en Venezuela hay un genocidio y que nuestro gobierno es reo de delitos de lesa humanidad, que llegan a creerlo y no entiende entonces por qué la Corte Internacional no ha sentenciado contra ninguno de nuestros gobernantes.
No se dan cuenta estos otros fanáticos que gobernantes como Fidel Castro no son reos de genocidio ni de nada por el estilo, a pesar de los casi 58 años de la existencia de la llamada revolución cubana. Para los gobierneros en cambio, el genocida es Leopoldo López, valoración que está tan lejos de la realidad como la dicha anteriormente sobre el Gobierno. Es el fanatismo lo que nos lleva a esos extremos.