Imposible no estar alegres por las recientes medidas de liberación a favor de unos cuantos secuestrados por la dictadura. Algunos con varios años de calvario forzado y otros con menos, pero todos padeciendo los rigores de la pérdida de libertad personal, uno de los derechos humanos fundamentales. Esto sucede al margen y en contra de expresas disposiciones constitucionales y de los códigos que rigen la materia.
En Venezuela mataron al Derecho. No hay Constitución, ni leyes de ningún tipo, ni autoridades judiciales o administrativas independientes y autónomas. El país ha estado en manos de estructuras del crimen organizado cuyo propósito es retener el poder a cualquier precio por el tiempo necesario para garantizar la seguridad tanto personal como de las riquezas mal habidas.
Sin embargo, es indignante que un tema tan delicado como el de los presos políticos esté sometido al malvado juego politiquero vinculado a la convocatoria para elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre. Aberrante. La califico de esta manera por la forma irregular y las disposiciones contrarias al orden jurídico que sirven para restarle valor y honestidad a los resultados, si es que llegan a realizarse. Esto incluye al régimen, por supuesto, pero también a los ya súper conocidos y claramente identificados de la supuesta “mesita” y a los enfermos de electoralitis aguda y/o de candidaturitis crónica.
Queremos trasmitir un honrado abrazo fraternal a quienes han sido “soltados” y a sus familiares, pero también y de manera creciente, a quienes siguen presos, secuestrados y humillados en los distintos centros existentes para tal fin, tanto civiles como militares.