Hace rato que las fuerzas políticas en la contienda se encuentran en campaña permanente. Y de ello dan fe la comunicación política y los flujos discursivos que participan en el debate transmediático, instalándose “cual verdades” en la opinión pública.
Enfrentamos el fenómeno de la política mediática o la mediatización de la política, que, ante las próximas elecciones del 20-M, arrecia y amenaza con imponer su lógica en la construcción de la realidad política. Ello conlleva la pérdida de influencia de los partidos políticos, mientras medios y redes se convierten en el ámbito más consultado por la ciudadanía en su proceso de toma de decisiones.
Dada la indiscutible e inevitable participación de las redes digitales, cambia el tratamiento de la política y, por ende, la naturaleza del discurso que por allí se propaga. Se constata y denuncia un desplazamiento discursivo, desde la esfera deliberativa hasta el ámbito pseudopolítico.
La pseudopolítica se caracteriza por la personalización de la política, en donde el mensaje es el propio político; por la desideologización de la ciudadanía y, además, por la espectacularización informativa, que equivale a la política devenida en espectáculo. Tres factores que se retroalimentan y promueven el “abandono” de la cuestión política por un discurso emocional, exhibicionista y superficial donde carece de importancia lo que se dice.
