Opinión

El chantaje, por José Vicente Rangel

1) La MUD introdujo una nueva modalidad en la política del país: el chantaje. Pretende realizar su actividad y alcanzar sus objetivos recurriendo a la amenaza. Utilizando un lenguaje agresivo, con un fuerte componente de insultos a instituciones y personas. Desde  posiciones que controla, como la Asamblea Nacional, dispara desde la cintura contra todo cuanto considere que le es adverso. A los integrantes del Tribunal Supremo de Justicia los agrede de manera salvaje, como nunca antes se vio en Venezuela. A las cuatro rectoras del Consejo Nacional Electoral las ofende a diario sin misericordia. Ni siquiera el respeto que tradicionalmente se ha observado en el país hacia el género femenino, opera en los altos dirigentes de la oposición. Lo mismo sucede con el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, el Ejecutivo.

     2) ¿Estamos en presencia de un desahogo circunstancial, expresión del estado de ánimo de una dirección política insegura que busca a través del chantaje obtener los objetivos que persigue? Pienso que no. Que más bien se trata de una política deliberadamente concebida para presionar a las instituciones —y a quienes las dirigen— y lograr lo que le resulta imposible obtener en el debate democrático.

     3) La línea del chantaje constituye una degradación de la política. Es un recurso perverso que, en la práctica, revierte contra aquellos que lo emplean —salvo en el caso de quienes tienen “rabo de paja”—. Porque no inhibe ni atemoriza a las víctimas y deja mal parado a quienes lo usan. Resulta inaceptable que mediante el anuncio de marchas de carácter desestabilizador se amenace a instituciones como el Consejo Nacional Electoral para que adopte decisiones que debe tomar soberanamente.

De acuerdo con este proceder —caso de ser aceptado—, los órganos del Estado perderían legitimidad y quedarían cautivos de las maniobras que se realicen fuera de su competencia. Esta situación acaba con el Estado de derecho y afecta el funcionamiento de las instituciones que, en la práctica, dependería de un inefable uso del derecho a manifestar. Es inaceptable plegarse a semejante situación. Hay que rechazarla con vehemencia.

Al llamado a resolver la política mediante el chantaje, hay que responder que quienes lo plantean de tal modo tienen que estar dispuestos a correr con las consecuencias. Que luego no chillen, como hasta ahora lo vienen haciendo. Porque la pelea es peleando, cuando la situación es llevada al terreno de la confrontación abierta y sin reglas claras.

 

                                                 Reflexión importante       Eleazar Díaz Rangel tocó el pasado domingo 11 en su columna en este diario un asunto políticamente delicado, en base en una declaración del Partido Comunista de Venezuela. El enfoque del colega y del partido es absolutamente institucional. No es de los que se hacen por razones de sensacionalismo, para provocar especulaciones que las redes sociales suelen potenciar.  De ahí la importancia que atribuyo a esa reflexión planteada con seriedad. La reflexión se fundamenta en consideraciones absolutamente pertinentes, como es el efecto que tendría en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana la crisis económica, el desabastecimiento, y las colas que éste genera, así como la inflación desatada que golpea el ingreso de los venezolanos. La pregunta resulta obvia: ¿qué consecuencias puede tener en la institución militar el fenómeno que hoy agrede a la mayoría de los venezolanos?

      Sería una imperdonable manifestación de ingenuidad considerar que la organización castrense está blindada. Que lo que sucede en la sociedad como consecuencia de la situación  económica no le llega. No incide en la vida cotidiana de sus miembros.  Es cierto que los militares de hoy en Venezuela tienen firmes convicciones democráticas, de lealtad a la Constitución y al proceso bolivariano. No son los mismos —ni remotamente— del 11 de abril de 2002, de Plaza Altamira, y de otras tantas escaramuzas en las que aquellos se vieron envueltos cuando atendieron a la incitación perversa de dirigentes políticos y empresariales.

 

Pero la presión a que hoy está sometida la Fanb es brutal por vía mediática y por la actividad que desarrollan golpistas del sector civil y organismos de inteligencia de los EE UU. De ahí la pertinencia de asumir el tema con transparencia y seriedad para evitar sorpresas. La conspiración permanente no es ficción: es cruda realidad, y nada más apetecible para quienes la auspician que captar adhesiones en los cuarteles. Por ahora no hay peligro, pero de que las brujas vuelan no hay duda.

  Claves secretas •¿Es un hecho el diálogo? Parece.  Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos hacen un trabajo silencioso, pero eficaz. Algún día habrá un reconocimiento del país por su aporte desinteresado. Igual al Secretario General de Unasur, Ernesto Samper. Todos vituperados por la oposición que ahora guardan silencio y, según parece, le dan protagonismo a los dialogantes que hasta hace poco eran silenciados. Insisto en mencionar a dirigentes como Enrique Márquez, Timoteo Zambrano, José Gregorio Correa y otros que invocan el diálogo como única opción para evitar la violencia.

•Sin embargo, otros mantienen una actitud de rechazo al diálogo y consideran que aceptarlo equivale a caer en una trampa. •Pocos oyen consejos. Pero me atrevo a dar algunos a la oposición, dado que creo que una oposición seria es indispensable en una democracia. La oposición debe aceptar el diálogo, pero no para sabotearlo sino para racionalizar la relación política. El referendum que ya no es posible este año —por culpa de la oposición— no debe ser obstáculo para dialogar. La oposición debe renunciar a las causas perdidas y centrarse, por ejemplo, en la elección de Gobernadores. Por último: olvidarse de que Maduro no termina el período. El golpismo es una temeridad. El Gobierno aprendió la lección y está en capacidad de abortar cualquier intento.

•No veo la razón política por la que se mantiene en prisión a Manuel Rosales, líder de Un Nuevo Tiempo. Su pronunciamiento desde la cárcel en contra de las aventuras, en defensa del orden constitucional y el rechazo a la violencia, difundido por él mismo, es un aporte a la distensión y facilita aún más el diálogo.

•Absurda la posición de la Cancillería chilena involucrándose en el caso de Jatar Alonso. Es una injerencia descarada en un asunto que compete a la administración de justicia. Además, una torpeza en el manejo de la relación con un país amigo como Venezuela. ¿Con quién pretende congraciarse el Gobierno chileno? Esa actitud es comprensible en un gobierno de la derecha, pero no en uno de Bachelet, que el menos debería respetar la memoria de Allende, irreductible en la defensa de principios como la no intervención en los asuntos internos de otros países.

•Un calificado economista, Francisco Rodríguez declaró recientemente “que hay evidencias que apuntan hacia una desaceleración de la inflación en Venezuela en los últimos meses” (¿sorpresa para la oposición?). •La mentira tiene piernas cortas. La Fiscalía de la Corte Penal Internacional desmintió que Lilian Tintori haya presentado  denuncia en ese tribunal contra el presidente Nicolás Maduro por delitos de lesa humanidad (siempre pasa lo mismo con la oposición). •Importante el enfoque optimista sobre el futuro del país que hizo Aristóbulo en la entrevista que le hice en mi programa en Televen. Buena respuesta al pesimismo que otros siembran.

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