Opinión

El cambio social, por Eduardo Fernández

En Venezuela hay una enorme cantidad de familias que viven en situación de pobreza o de pobreza extrema. Esa realidad puede cambiar y debe cambiar en el menor plazo posible. No podemos resignarnos a que más de la mitad de la población venezolana viva en situación de pobreza.

Para superar la pobreza, hay que lograr un cambio político y un cambio en las políticas económicas. Con las políticas económicas que se han aplicado en los últimos años se ha logrado que la pobreza crezca exponencialmente. Si se mantienen las mismas políticas, la pobreza seguirá creciendo. La superación de la pobreza tiene que ser la prioridad nacional por tres razones: primero, porque es intolerable desde el punto de vista moral; segundo: porque es un obstáculo para el desarrollo económico y tercero: porque hace imposible la convivencia democrática. En efecto, es un escándalo que un país como Venezuela con todo el inmenso potencial de desarrollo económico que tiene este país, mantenga a bastante a más de la mitad de su población en situación de pobreza y a un porcentaje escandalosamente elevado, en situación de pobreza extrema. Desde el punto de vista económico, el desarrollo supone una oferta de bienes y servicios cada día más abundante y un mercado consumidor cada día más amplio.

Los pobres no son consumidores. No tienen capacidad de compra. Por tanto, el crecimiento económico aconseja que superemos la pobreza para que aumentemos la capacidad de consumo de la población. Hay que convertir a los pobres en consumidores.

Por último, la racionalidad política aconseja la existencia de sociedades homogéneas e integradas. Un país fracturado socialmente como lo está la sociedad venezolana, con una minoría opulenta y una mayoría depauperada, no ofrece un ambiente propicio para el funcionamiento de una democracia sana y vigorosa. Para superar la pobreza tenemos que ocuparnos de llevar educación de calidad y, sobre todo, educación para el trabajo, a todos los ciudadanos, pero, particularmente, a los sectores más pobres.

De lo que se trata es enseñar a los pobres a dejar de ser pobres. Se trata de dotar a los jóvenes de las familias más pobres, de una capacitación que les permita acceder a un empleo productivo y bien remunerado que les permita mantener una existencia digna y contribuir con su núcleo familiar para que también ellos accedan a niveles de vida compatibles con su dignidad de personas humanas.

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