La Crisis que vive Venezuela está marcada por la fractura, y por la generalizada destrucción de la calidad de vida de nuestra gente.
En todos los planos el balance es de destrucción, en lo Público, las Instituciones de la Democracia han sido demolidas. La Autonomía de los Poderes Públicos, la respetabilidad de éstas Instituciones, la majestad inherente a los altos cargos de servicio público, la alternabilidad democrática y la Fe en el Voto como instrumento de cambio, todos han sido destruidos.
La actividad empresarial y productiva del Estado en todos los campos, fue deteriorada a condiciones casi de desaparición. Incluso Pdvsa, que fue nuestro mayor orgullo como Estado democrático, al manejar directamente nuestra riqueza minera, haciendo de Pdvsa la Compañía Petrolera Publica más eficiente y exitosa de Latinoamérica. Hoy es de las peores en su actividad y nuestra producción petrolera disminuye hasta niveles inconcebibles.
En lo Privado el resultado es igualmente funesto, las expropiaciones son un símbolo de cómo se destruyó el aparato productivo. Las fincas de ganadería de carne y leche en todo el País, quedaron reducidas casi a nada. Las unidades de producción agrícola, bajaron a los mínimos nunca imaginados, la construcción de viviendas por promotores privados desapareció como iniciativa en el País, los servicios privados de suministro eléctrico desaparecieron. Las fábricas en todos los órdenes cerraron o se minimizaron. Las Empresas de transporte privado también desaparecieron, ahora son camiones de todo tipo, los únicos medios para mover a la gente en condiciones inferiores a las del transporte de ganado.
